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Consenso Educativo pide una reforma desde preescolar para corregir fallas y encauzar vocaciones

Fausto Romeo Monte sostiene que muchos jóvenes llegan al final del bachillerato sin saber qué estudiar y que el país necesita una reforma profunda del currículo. En su lectura, la educación técnica y la profesionalización deberían volver a poner orden en la ruta entre escuela y trabajo.
Imagen generada con IA
martes 13 de octubre de 2026

Fausto Romeo Monte, director general de Consenso Educativo y coordinador de la Comisión de Educación de Consecomercio, pidió una reforma profunda del currículo educativo desde preescolar. Su planteamiento, dicho en una entrevista con Radio Fe y Alegría Noticias, parte de una realidad que describió con crudeza: muchos estudiantes de 5to año llegan al final del bachillerato sin saber qué carrera van a estudiar.

Romeo aseguró que «sin educación no se puede hacer nada empresarial» en el país y añadió que la reforma debe apuntar hacia la profesionalización. No se quedó en una queja genérica. Dijo que esa propuesta la ha presentado en varias gestiones del Ministerio de Educación, desde Héctor Rodríguez, pasando por Aristóbulo Istúriz, hasta Yelitze Santaella.

La escena lo dice todo. Un joven puede despertarse con interés por Medicina y descubrir después que su camino está en otra área vinculada, como farmacia, visitador médico u odontología. En otros casos, según Romeo, la decisión llega demasiado tarde: jóvenes que entran en la última etapa del bachillerato sin saber todavía qué van a estudiar.

El planteamiento de Consenso Educativo no se limitó al aula. Romeo recordó con preocupación que ha disminuido la cantidad de egresados del Instituto Pedagógico de Caracas. Según su cálculo, antes se graduaban unos 1.200 al año y ahora la cifra podría llegar a 200. También afirmó: «Hoy nos faltan especialistas en Física, Química, Matemática».

Esa escasez, en su visión, golpea el corazón de cualquier intento de mejorar el sistema. Además, indicó que en la actualidad y a nivel mundial es difícil proyectar el futuro de la educación, un dato que usó para reforzar su llamado a revisar desde la base la formación escolar.

Romeo destacó al Instituto Nacional de Capacitación y Educación (INCE), al que describió como un sistema que forma en educación técnica a jóvenes y adultos. Dijo que los aprendices están haciendo «un trabajo extraordinario» y que eso demuestra que los jóvenes quieren carreras cortas y luego una profesionalización.

También contó que ha visitado colegios donde se imparte robótica, computación y tecnología. Allí, afirmó, cuando los estudiantes dicen qué desean estudiar, responden ingeniería o computación, porque desde antes se les despertó el interés y descubrieron su vocación.

La trastienda del problema, sin embargo, también toca al mercado de trabajo y al marco legal. Romeo señaló que «se debe revisar la Ley del Trabajo» y explicó que, si bien las prestaciones sociales deben pagarse de acuerdo con el último salario mínimo, fijado en 130 bolívares, en Venezuela nadie gana esa cifra. A eso, agregó, se suma el costo de la canasta básica, que varía según la ciudad, pues en algunas es más cara que en otras.

El dirigente también subrayó que, aunque la educación en el país es gratuita, mantener las escuelas implica costos. Mencionó reparaciones como la de los baños, que presentan fallas durante todo el año escolar y requieren el pago a especialistas. Para Romeo, ese detalle resume una carga que no desaparece por el solo hecho de que el servicio sea gratuito.

Al cierre, agradeció al movimiento educativo Fe y Alegría «por todo el esfuerzo que hace por el sistema educativo» y por el proyecto IRFA, Ahora, Fe y Alegría EduComunicación. También hizo un llamado al sector empresarial y a los pequeños comerciantes para que miren hacia las escuelas y reiteró la importancia de renovar el sistema curricular en todos sus niveles.

La discusión va más allá de un ajuste técnico. Lo que está en juego es si el Estado y el sistema educativo siguen produciendo egresados desconectados de la vocación, de la técnica y de las necesidades reales del país, o si por fin colocan la formación en el centro de la movilidad social y la productividad. Para una economía asfixiada por la improvisación, el costo de no corregir esa ruta lo terminan pagando familias, estudiantes y empresas.

También hay una señal de fondo para el aparato estatal: la educación no se arregla con consignas, sino con currículo, formación docente, infraestructura y disciplina institucional. Si el país quiere más ingenieros, técnicos y especialistas, la escuela tiene que dejar de llegar tarde. Y si el sector productivo aspira a mano de obra mejor preparada, tendrá que asumir que la conversación empieza mucho antes del último año de bachillerato.

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