Los acudientes de las dos alumnas que protagonizaron una riña a la salida de su colegio en Copacabana fueron citados a una conciliación para el próximo martes 13 de octubre, tan pronto concluyan la semana de receso escolar y se restablezcan las clases.
La diligencia está programada a partir de las ocho de la mañana. Allí, según lo previsto, se podrán conocer las distintas versiones de lo ocurrido y buscar un acuerdo amistoso que genere paz no solo entre las alumnas, sino entre sus familias.
La escena lo dice todo. Un video que se volvió viral muestra a dos niñas de sexto grado dándose golpes y tirándose del pelo, mientras otras compañeras observan la riña sin intervenir y toman las imágenes. La difusión pública del caso ya salió del patio del colegio y entró de lleno en la trastienda familiar e institucional.
La madre de una de las menores publicó el video en redes sociales y pidió que se hiciera justicia. Según su versión, su «princesa» quedó con moretones y dolores en el cuerpo, por lo cual tuvo que ser atendida en un hospital.
También, según trascendió, la pelea ocurrida el pasado viernes 2 de octubre habría sido el desenlace de un encuentro desagradable durante el descanso. La misma versión añade que la niña que terminó en un centro asistencial llevaba aproximadamente un mes enfrentando un caso de bullying.
Según su mamá, aunque había informado al colegio, los profesores ni directivos habrían hecho nada para frenar la situación, lo que habría permitido que el conflicto se agravara hasta llegar a la agresión física. La versión pública de los allegados a la otra menor comprometida en el incidente todavía no se conoce.
La Secretaría de Educación local, consultada por EL COLOMBIANO, dijo que no se pronunciaría más allá del comunicado que emitió, en el que llamó a no difundir las imágenes del incidente. El mensaje pidió actuar con responsabilidad y prudencia, y advirtió que la exposición pública de menores de edad, familias, docentes o integrantes de la comunidad educativa puede profundizar los conflictos, generar nuevas afectaciones y dificultar los procesos institucionales que están en curso.
El organismo también pidió que este tipo de hechos sean canalizados por las rutas institucionales.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Un episodio entre estudiantes terminó convertido en asunto público, con videos virales, acusaciones cruzadas y una citación formal a conciliación. El desenlace todavía está abierto, pero el costo ya se siente en varios frentes: para las familias, para la comunidad educativa y para una institución que ahora debe administrar el conflicto bajo la presión de las redes.
Aquí hay un principio que no conviene perder de vista: los menores no deberían quedar expuestos al escarnio digital mientras los adultos resuelven lo que no resolvieron a tiempo. Si la conciliación sirve para desescalar, habrá sido una salida útil. Si no, el aparato institucional volverá a cargar con una disputa que empezó en el colegio y terminó multiplicada en público.


