Tania Gilinski Bacal asumió como embajadora de Colombia ante el Estado de Israel, en una ceremonia realizada en el Palacio de San Carlos y presidida por el canciller Omar Bula Escobar.
La designación llega en una nueva etapa de las relaciones diplomáticas entre Colombia e Israel, luego de que el Gobierno de Colombia decidiera restablecer y fortalecer esos vínculos, con el propósito de recuperar y profundizar la relación bilateral.
Gilinski llega a la misión con tres décadas de experiencia en medios de comunicación, marcas de consumo y tecnología en América Latina y Estados Unidos, según la información divulgada por la Cancillería. También trabajó en Apple y Procter & Gamble, fundó Iguana Productions Group y la convirtió en una franquicia multinacional de entretenimiento infantil con presencia en 14 países.
Además, tiene una maestría en Estudios de Política Internacional de Stanford University, con énfasis en Desarrollo Económico y Político, y es graduada en Historia y Francés del Wellesley College. Habla español, inglés y francés, y cuenta con conocimientos conversacionales de hebreo.
La Cancillería señaló que Colombia e Israel establecieron relaciones diplomáticas en 1957 y que desde entonces han desarrollado una amplia agenda bilateral. En ese contexto, Gilinski asumirá la representación del país con la prioridad de profundizar la cooperación en seguridad e inteligencia estratégica, lucha contra el crimen transnacional, ciberseguridad e intercambio de información.
La agenda también incluye sectores como agricultura, salud, ciencia y tecnología, y comercio. En la trastienda diplomática, el giro es claro: Colombia busca reordenar una relación que vuelve a poner sobre la mesa cooperación práctica y vínculos económicos.
El canciller de Israel, Gideon Sa’ar, dio la bienvenida a Gilinski y expresó su expectativa de que su llegada contribuya a profundizar las relaciones bilaterales. Sa’ar escribió: «¡Juntos llevaremos las relaciones Israel-Colombia a su punto máximo de todos los tiempos!». La escena lo dice todo.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El Gobierno colombiano no solo nombró una embajadora; también marcó una prioridad: seguridad, inteligencia y comercio por delante de la retórica. En términos políticos, es un mensaje de realismo diplomático y de reapertura de canales con un socio estratégico.
El desenlace importa porque una relación exterior de este tipo no se mide en gestos, sino en resultados. Si la agenda se concreta, puede traducirse en más cooperación contra el crimen transnacional, más intercambio tecnológico y más oportunidades para los sectores productivos. Si se diluye, quedará en un anuncio más. Los protagonistas ya hicieron su movimiento; ahora el país verá si el aparato estatal convierte la nueva etapa en beneficios concretos para la economía y la seguridad.



