La escena lo dice todo. Un espacio de 40 hectáreas en las afueras de Madrid, ocho pabellones con identidad propia, una plaza central llamada Macondo Plaza y capacidad para 50.000 personas por noche. Shakira no viene solo a cantar: viene a construir una ciudad.
El equipo de la artista colombiana reveló los detalles en una rueda de prensa celebrada el viernes pasado, con imágenes renderizadas del recinto del Iberdrola Music. La residencia arranca el 18 de septiembre y se extiende los días 19, 20, 25, 26 y 27 de septiembre, y 2, 3, 4, 10 y 11 de octubre. Posteriormente se anunció que se suma una última fecha: el 9 de octubre, con lo que el total asciende a 12 conciertos.
El espacio estará abierto desde el mediodía hasta la medianoche. El concierto central de Shakira ocupará la franja de las 8:30 pm a las 11:00 pm. El resto del tiempo, los asistentes podrán recorrer pabellones dedicados a música, moda, gastronomía, literatura, arte y cine, cultura infantil y el universo artístico de la propia Shakira. Todos los contenidos, según el comunicado oficial, han sido curados por ella «bajo la idea de que la Nación Latina no es un territorio geográfico: es una comunidad transnacional unida por el idioma, el ritmo, la creatividad, la resiliencia y la alegría».
Pino Sagliocco, presidente de Live Nation España, describió el proyecto como «el más bonito» en el que ha trabajado en cuanto a «espacio de convivencia para hacernos a todos más empáticos». También adelantó que se está explorando con las instituciones públicas la posibilidad de abrir el recinto para excursiones escolares los días de lunes a jueves, cuando no hay función.
Pero no todo es comunidad abierta. El espacio contará con dos zonas exclusivas, Espacio Garden y Espacio Terrace, cuyas entradas saldrán a la venta el próximo lunes. Sagliocco las defendió como «un servicio que hay que dar hoy en día» y subrayó que tendrán «precios muy asequibles», a partir de los 500 euros, «no como los del partido de España de la final del Mundial en Nueva York del otro día». La referencia no pasó inadvertida: la promotora quiso desmarcar esta propuesta de la polémica generada por la casita privada de los conciertos de Bad Bunny en España, señalando que en este caso no se trata de un espacio restringido solo para invitados del artista.
El contexto le favorece a Shakira. España la llama «el talismán de La Roja» por las victorias de la selección española en los mundiales a los que la colombiana ha puesto sintonía. En el último, el tema «Dai Dai» se convirtió en número 1 global, según la fuente. La relación entre la artista y el país anfitrión lleva años sedimentándose, y esta residencia madrileña es, en cierto modo, la culminación simbólica de ese vínculo.
El cierre también es récord. La gira Las Mujeres Ya No Lloran World Tour se ha convertido en la gira latina más taquillera de la historia. Entre sus hitos figuran el concierto en el Zócalo de Ciudad de México en marzo, con 400.000 asistentes, y la actuación en la playa de Copacabana con más de 2 millones de personas.
Los detalles cuentan la historia. Lo que Shakira propone en Madrid no es un concierto con extras: es un modelo de negocio cultural que integra entretenimiento, gastronomía, moda y experiencia VIP en un solo recinto de pago. El libre mercado del entretenimiento en vivo ha llegado a su expresión más sofisticada —y más cara para quien quiera el nivel superior—. Que el presidente de Live Nation sienta la necesidad de justificar públicamente los precios dice tanto sobre el éxito del formato como sobre la tensión que genera en una sociedad donde el acceso desigual a la cultura se ha vuelto un asunto político. La pregunta que queda en el aire es si «muy asequibles» y «500 euros» pueden convivir en la misma frase sin que alguien tome nota.



