La fecha no podía ser más simbólica. El 15 de agosto, día del aniversario de Arequipa, Everardo Zapata Santillana cumplió 100 años rodeado de entre 30 y 40 familiares —hijos, nietos y bisnietos— en un almuerzo de confraternidad en su tierra natal. El hombre que en 1955 publicó Coquito llegó al centenario con el reconocimiento de varias generaciones que aprendieron a leer con ese libro.
Durante una transmisión de Latina Noticias, el maestro respondió preguntas mientras participaba de una sesión de fotos. En un momento se quebró. «Estoy contentísimo y sorprendido de que tanta gente me quiera», alcanzó a decir antes de que la emoción le ganara la voz. Los detalles cuentan la historia.
El aula rural que lo cambió todo
Para entender el presente hay que volver a 1947. Ese año, Zapata fue enviado a crear una escuela rural. Frente a sus alumnos, observó algo que no podía ignorar: los niños tenían dificultades para aprender a leer con los métodos de la época. La pregunta que se hizo entonces lo acompañaría durante años: «¿Por qué los niños tienen que tener un curso tan difícil como es aprender a leer?».
No se conformó con la pregunta. Dedicó varios años a preparar y perfeccionar una propuesta propia, con un objetivo declarado: acercarse a la lectura «con amor, con cariño». El resultado fue Coquito, publicado por primera vez en 1955.
Desde entonces, el libro alcanzó más de 60 ediciones y extendió su presencia por distintos países de Latinoamérica. Con el tiempo incorporó también una versión en sistema braille. El Ministerio de Cultura del Perú reconoció la primera edición como Patrimonio Cultural de la Nación, y la obra forma parte del acervo de la Biblioteca Nacional del Perú.
Un método considerado antiguo
Zapata no llegó al reconocimiento sin resistencia. Durante años, según relató a TV Perú Noticias, su método fue considerado anticuado. Recién en los últimos años, dijo, recibió un mayor reconocimiento. Su respuesta es la frase que resume el centenario: «No todo lo antiguo es malo».
El Ministerio de Cultura se sumó al homenaje a través de sus redes sociales, destacando que el legado de Zapata «permanece vivo a través de las generaciones» y vinculando su obra con el valor de la lectura como experiencia que puede acompañar a las personas durante toda la vida. «¡Feliz cumpleaños, maestro Everardo!», escribió la institución.
El propio Zapata explicó a Latina Noticias la motivación que lo llevó a crear el libro: «Yo siempre quería dejar un recuerdo al magisterio». Señaló que muchos maestros pasan desapercibidos, pero él buscó dejar una huella creando «un método fácil, sencillo, para que cualquier niño pueda aprender a leer». También agradeció a Dios por permitirle llegar a esta edad, y reconoció que durante los últimos meses atravesó algunos problemas de salud antes de recuperar fuerzas para la celebración.
Lo que el centenario revela
La escena lo dice todo: un maestro de escuela rural, sin aparato estatal detrás ni programa ministerial que lo respaldara en sus inicios, construyó con su propio esfuerzo una herramienta educativa que cruzó fronteras y superó las seis décadas de vigencia. Coquito no nació de una política pública ni de un presupuesto gubernamental; nació de la observación directa de un docente que decidió resolver un problema concreto.
Ese es el principio que vale la pena subrayar en el centenario de Zapata: la innovación educativa genuina rara vez viene de la burocracia. Viene de quienes están frente al aula, ven lo que no funciona y se atreven a proponer algo distinto, aunque durante años los llamen anticuados. A los 100 años, el maestro arequipeño tiene la última palabra.



