La comunidad católica de Choluteca despidió este jueves a monseñor Teodoro Gómez, cuyos restos recibieron sepultura en la Catedral Inmaculada Concepción después de una misa exequial presidida por el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga.
La ceremonia reunió a feligreses, sacerdotes y otros asistentes que acompañaron el último adiós al obispo hondureño. Durante la homilía, Rodríguez recordó la vida de servicio de Gómez y destacó su entrega pastoral en las comunidades donde ejerció su ministerio.
«Humanamente hemos perdido un hermano muy querido y un buen pastor. Pero en la fe sabemos que no lo hemos perdido; más bien lo hemos ganado», dijo el cardenal ante los presentes.
Gómez falleció de manera repentina el 28 de septiembre en Madrid, España, cuando se dirigía hacia Roma para participar en la Visita Ad Limina Apostolorum, el encuentro de obispos con el papa para informar sobre la situación de sus diócesis. Tenía 63 años.
Sus restos llegaron la noche del martes 6 de octubre al Aeropuerto Internacional de Palmerola, donde fueron recibidos por sacerdotes y fieles. Luego fueron trasladados a Choluteca y velados durante el miércoles y parte del jueves en el gimnasio del Instituto Santa María Goretti.
Más tarde, el cuerpo fue llevado a la Catedral Inmaculada Concepción, donde se celebró la misa exequial y se realizó el sepelio. La comunidad católica también acompañó el traslado de los restos desde el velatorio hasta el templo.
El religioso nació el 7 de mayo de 1963 en El Banquito, Choluteca. Su formación incluyó estudios en el Seminario Mayor de Tegucigalpa y en Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma.
Fue ordenado sacerdote el 27 de enero de 1996, fecha que marcó el inicio de una trayectoria que lo llevó a asumir responsabilidades dentro de la Iglesia católica hondureña. Entre 2017 y 2020, además, ejerció funciones en el Instituto Santa María Goretti.
Durante la homilía, Rodríguez subrayó que el trabajo de un sacerdote y de un obispo no se limita a la celebración de los sacramentos, sino que también implica acompañar a las comunidades y atender a los más vulnerables. En ese sentido, destacó la labor que Gómez desarrolló en Choluteca y en otros lugares de Honduras.
«Un sacerdote, un obispo que sirvió la mesa de la Santa Eucaristía y la mesa de los pobres, no se presentó con las manos vacías», expresó Rodríguez.
La sepultura en la Catedral Inmaculada Concepción tuvo un significado especial para la comunidad cholutecana, por el vínculo de Gómez con esa zona del sur del país, donde nació y comenzó a construir su historia personal y vocacional.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. La escena lo dice todo: un velatorio, una misa exequial y un sepelio que no solo cerraron una vida eclesiástica, sino que también exhibieron el peso de la Iglesia en la vida comunitaria de Choluteca.
En un país donde las instituciones suelen medirse por su capacidad de sostener vínculos reales con la gente, la despedida de Gómez dejó a la vista una Iglesia que aún conserva arraigo social. No es un detalle menor: cuando un líder religioso logra reunir a fieles, sacerdotes y comunidad en torno a su memoria, hay una trama de confianza que sigue viva.
El desenlace también recuerda algo elemental: la autoridad moral no se decreta, se construye con servicio. En este caso, la despedida de Gómez mostró el valor de una vida ordenada al ministerio, al acompañamiento y a la atención de quienes buscan apoyo espiritual y material.


