El giro de la semana en la economía chilena pasó por dos hitos: el Informe de Política Monetaria del Banco Central y el proyecto de mercado de capitales MK4. En ese contexto, el ex economista jefe de la Ocde, Klaus Schmidt-Hebbel, puso el foco en una actividad que describe como golpeada por múltiples shocks y por una base de crecimiento demasiado baja para absorber nuevas perturbaciones.
«El crecimiento de este año será muy mediocre por la herencia de Boric y los shocks negativos de oferta y demanda», dijo el académico de la Universidad del Desarrollo. La frase resume su lectura del momento económico: un país que, según su diagnóstico, llega a este ciclo con poco margen y con señales débiles en consumo, inversión y empleo.
En el Ipom de septiembre, el Banco Central recortó la proyección de PIB desde un rango de 1% a 1,75% a uno nuevo de entre 0,25% y 0,75% para 2026. Al mismo tiempo, anticipó una recuperación de la actividad y la inversión para el próximo año. Schmidt-Hebbel dijo que «vamos a tener una recuperación más nítida a partir del primer trimestre del próximo año», aunque condicionó ese escenario a que no ocurra «ningún shock internacional adverso».
Para el economista, el cuadro de corto plazo está marcado por un año «complicado y difícil», con shocks no anticipados que afectan también algo de 2027. A su juicio, las condiciones internacionales y nacionales han pegado adversamente a la economía chilena desde marzo en adelante.
El eje más duro de su diagnóstico está en la herencia que atribuye al gobierno de Gabriel Boric. Schmidt-Hebbel afirmó que en los 48 meses del mandato de Boric el Imacec desestacionalizado no creció y que se mantuvo «estancado con crecimiento cero en 41 de esos 48 meses». También sostuvo que ese estancamiento se extiende desde marzo de 2022 hasta marzo de 2026, y que parte de la caída del segundo trimestre de este año responde a «una muy mala herencia».
Sobre la capacidad de expansión de la economía, dijo que no cree el 2% tendencial que estima hoy el Banco Central antes de la megarreforma y el MK4. Según su mirada, el PIB tendencial estaría «más cerca de 1%». Con esa base, cualquier shock de oferta de magnitud mediana empuja la economía hacia crecimiento cero o negativo.
Entre los shocks que enumeró mencionó el alza del precio internacional del petróleo y del gas natural importado de Argentina. Dijo que eso golpea el ingreso de los consumidores y la utilidad de las empresas que usan petróleo, que son muchas en Chile. También citó el fenómeno de «El Niño», que produjo que el jurel desapareciera, aunque con efecto acotado en el PIB. Añadió la destrucción masiva de infraestructura y viviendas en el norte de Chile y la caída de la producción minera por una reducción de la ley mineral. Para todo este año, señaló, se estima que la producción de mineral de cobre caiga un 7% respecto del año pasado.
En consumo e inversión, Schmidt-Hebbel describió una economía con freno visible. Dijo que hubo una caída del consumo en algunos trimestres previos y que la inversión está «muy estancada e, incluso, cayendo levemente este año». A su juicio, muchas inversiones se postergaron hasta la salida de la megarreforma, que todavía no ha sido promulgada.
El empleo aparece como otra variable crítica. El economista apuntó al aumento estructural y cíclico del desempleo, que está en 9,5% para el trimestre mayo-julio. Dijo que no le sorprendería que subiera todavía más en los próximos meses. Ese nivel, agregó, obliga a las familias cuyos jefes de hogar pierden el trabajo a restringir su gasto.
También explicó la desocupación por razones estructurales. A su juicio, los «enormes aumentos en los costos del empleo» generados por cambios legislativos durante la administración Boric están detrás de una parte del problema. Mencionó las 40 horas semanales, que habrían llevado a muchas empresas pequeñas y medianas a reducir empleo, y el aumento gradual de la tasa de contribución que deben hacer las empresas y los empleadores por sus trabajadores para la reforma previsional.
El encarecimiento de los costos laborales, dijo, empuja a las empresas a invertir menos, ajustar márgenes y despedir trabajadores. En parte, añadió, esos trabajadores son reemplazados por inteligencia artificial.
La escena lo dice todo: un país que el Banco Central ve creciendo muy poco en 2026 y un economista que lee en la reforma laboral, en la presión de costos y en la debilidad de la oferta una economía sin colchón para soportar más golpes. Para el contribuyente, la señal es incómoda: cuando la actividad se estanca, el Estado recauda menos y la burocracia termina discutiendo cómo repartir escasez, no cómo generar expansión.
Para la libre empresa, el mensaje es todavía más claro. Si el costo de contratar sube y la inversión sigue postergada, el empleo formal se enfría y el ajuste cae sobre las familias. Ahí está el desenlace que importa: sin reglas que favorezcan producir, invertir y contratar, la recuperación que promete el Banco Central puede llegar, pero sobre una economía que todavía arrastra demasiado lastre.



