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Chile duplica el uso de chatbots y la IA ya entra en la vida diaria

El 60,4% de la población dice usar estas herramientas, pero persisten brechas por edad, ingreso y género. La oportunidad productiva convive con desconfianza, privacidad y un uso aún desigual.
martes 6 de octubre de 2026

El uso de chatbots en Chile se duplicó en dos años y ya alcanza al 60,4% de la población, según el Índice de Ciudadanía Digital 2026 elaborado por Fundación País Digital junto a Mundo Telecomunicaciones. La medición anterior, de 2024, había registrado un 29,9%.

La escena lo dice todo: mientras una parte del país ya incorporó la inteligencia artificial a su rutina, otra todavía mira desde afuera. Un 13,6% de los encuestados dice usar chatbots todos los días, un 25,5% una vez por semana y un 21,3% de manera ocasional. A la vez, un 39,6% afirma que nunca o casi nunca los usa.

Entre las herramientas más utilizadas figuran ChatGPT, Gemini y Meta. La mayoría recurre a estos sistemas para buscar información general, con un 68,7%, y el sondeo señala que están desplazando a los buscadores tradicionales. También se usan para el trabajo, proyectos personales, estudio, tareas cortas y diversión. En menor proporción, para consejos médicos o legales, o simplemente para conversar.

Fernando Sánchez, gerente general de Fundación País Digital, dijo que en Chile existe una alta conectividad que debe aprovecharse para dar un salto en el uso productivo de la tecnología. Según Sánchez, «la clave ahora no es solo usarla, sino hacerlo con foco en productividad, desarrollo de habilidades y crecimiento económico».

Los detalles cuentan la historia. La adopción es mayor entre los jóvenes: en el tramo de 18 a 20 años, el 82,1% utiliza chatbots; entre 31 y 40 años, el 68%; y entre 41 y 50 años, el 62,9%. El uso cae a 48,4% en el grupo de 51 a 60 años y a 37,6% entre los mayores de 61 años.

En esa misma línea, Enrique Coulembier, CEO de Mundo Telecomunicaciones, señaló que reducir la brecha digital ahora tiene un nuevo desafío: la IA. Dijo que solo el 37,6% de las personas de 61 años o más usa chatbots y que el avance debe ir «desde la conectividad hacia el acompañamiento y la formación».

También hay diferencias por género y nivel socioeconómico. El uso llega al 63,5% entre hombres y al 57,4% entre mujeres. En el segmento ABC1 asciende a 90,6%, mientras que en los niveles D y E bordea el 50%. En el resto de los grupos, la utilización se mantiene por debajo del 80%.

La encuesta muestra además que los estudiantes son quienes más usan chatbots: la adopción alcanza 90,5%. Entre los trabajadores empleados llega a 64,6%, entre los desempleados a 55,8% y entre los inactivos a 38,2%.

Las razones para no utilizarlos también revelan el otro lado del proceso. Quienes no los usan mencionan, sobre todo, «no me interesa» (43,9%), «no sé como usarlos» (40,3%), «privacidad y uso de mis datos» (29%) y «desconfío de la información» (23,7%).

El sondeo no se queda en los chatbots. Señala que otros tipos de IA siguen teniendo una penetración menor: solo un 43% usa IA generativa audiovisual una vez al mes. Además, el 60% de la población nunca ha utilizado agentes, definidos como sistemas que, a partir de una instrucción humana, actúan de forma autónoma y deciden cómo llegar al resultado. Cerca de un 18% ni siquiera sabía que existía esta herramienta.

La percepción pública también es ambivalente. Un 59,3% considera que la IA es el avance tecnológico más importante del siglo y un 53,3% se declara entusiasmado con su desarrollo futuro. Pero al mismo tiempo, un 51,5% cree que su desarrollo está teniendo efectos negativos en la sociedad y un 36,9% la ve como una amenaza para la humanidad.

Para la Fundación País Digital, esas visiones no se excluyen entre sí: una misma persona puede experimentar esperanza y preocupación al mismo tiempo. El sondeo añade que los hombres tienden a mostrar actitudes más positivas que las mujeres, que los niveles socioeconómicos altos se muestran más favorables que los bajos, y que las personas mayores expresan más negatividad que las más jóvenes.

Para entender el presente hay que volver a esa semana: Chile no discute ya si la IA llegó, sino cómo entra. Y ahí está el giro de fondo. Cuando una tecnología pasa de novedad a hábito, la pregunta deja de ser cultural y se vuelve económica: quién se adapta, quién queda rezagado y quién capitaliza la productividad que promete.

La oportunidad es real, pero no automática. La masificación de chatbots puede ampliar capacidades, acelerar tareas y bajar costos de búsqueda e información. Pero también deja a la vista un desafío clásico para cualquier sociedad libre: que la innovación no quede concentrada en los grupos con más ingresos, más educación o más tiempo para aprenderla. Si la IA va a sumar valor, tendrá que hacerlo para más que un segmento privilegiado.

En ese sentido, el debate de fondo no es tecnológico sino institucional. La tarea no es frenar la herramienta, sino asegurar que el aparato educativo, laboral y digital permita que más personas la usen bien. La productividad no aparece por decreto; exige habilidades, confianza y reglas claras sobre datos y privacidad. Ahí se juega buena parte del desenlace.

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