La escena lo dice todo. Michelle Bachelet bajó su candidatura a la ONU después de un tercer straw poll que la dejó con un voto de apoyo y once rechazos, un resultado que ya anticipaba un posible veto de algún miembro permanente del Consejo de Seguridad.
En conversación con Desde la Redacción de La Tercera, Gloria de la Fuente, exsubsecretaria de Relaciones Exteriores y presidenta del directorio de Horizonte Ciudadano, puso el foco en la decisión de Chile de retirar su respaldo. A su juicio, eso fue decisivo para el desenlace. «Como país actuamos con mezquindad y le quitamos, le restamos el apoyo en el fondo», dijo.
De la Fuente planteó que el debate sobre responsabilidades terminó apuntando al gobierno de Gabriel Boric. «Se tratan de establecer responsabilidades en el gobierno, que por qué en el fondo se hizo de esta manera, que la responsabilidad sería el presidente Boric. Yo creo que nos perdimos una oportunidad y una oportunidad bien importante porque en el fondo dudo que podamos tener un contexto similar», añadió.
La exsubsecretaria situó el problema en la polarización política interna y en el tironeo dentro del oficialismo. «Yo tengo la impresión que hay que sincerar la conversación, lo que hubo en general en el hoy oficialismo fue un tironeo permanente porque Michelle Bachelet no es del gusto de una parte de ese sector, no de todos porque de hecho ha habido parlamentarios y parlamentarias en particular que han hecho una defensa de la figura de la expresidenta Michelle Bachelet», señaló.
En esa misma línea, sostuvo que el sector más a la derecha dentro del oficialismo nunca habría respaldado una figura como Bachelet. Para De la Fuente, esa tensión interna terminó restando fuerza a una candidatura que, a su juicio, merecía más apoyo de país.
También dijo que, si Chile no hubiera retirado su apoyo a la postulación, el cuadro diplomático podría haber sido distinto y que actores como Estados Unidos quizá habrían actuado de otra manera. En particular, mencionó que el jefe de la misión diplomática estadounidense en la ONU no se reunió con la exmandataria, algo que calificó como «un desaire».
«El embajador Judd dijo aquí no hay un veto explícito ni nada, pero en la diplomacia las señales también se interpretan, los silencios y por supuesto los gestos», enfatizó.
Más adelante, De la Fuente remarcó el valor de la tradición diplomática chilena y el efecto que tuvo, en su visión, apartarse de ella. «Si nuestro país hubiese apoyado la candidatura de la presidenta Bachelet, como ha sido la tradición de nuestra política exterior mirada desde el Estado de Chile, probablemente habría sido distinto el escenario, o al menos habría sido bien inexplicable que Estados Unidos no pudiera, que no la recibiera», afirmó.
El desenlace deja una lección incómoda para La Moneda: cuando la política exterior se subordina a las divisiones domésticas, el costo no lo paga solo una candidatura. Lo paga la proyección internacional del país y, con ella, la capacidad del Estado de sostener una línea coherente frente a los grandes centros de poder.
Para un gobierno que prometió ordenar la conversación pública, el episodio muestra otra cosa: que en la trastienda de la diplomacia también mandan las fracturas internas. Y cuando el respaldo de país se vuelve rehén del tironeo político, la señal que sale al mundo es de debilidad, no de soberanía.



