Chile presentó este 8 de octubre «Astros de Tierra», el lema con el que se mostrará como País Invitado de Honor en la Feria del Libro de Frankfurt 2027. La propuesta vino acompañada de la línea gráfica que acompañará la participación nacional en Alemania y busca proyectar una imagen del país ligada al cosmos, la diversidad cultural y la literatura.
La escena lo dice todo. Chile no quiere llegar a Frankfurt solo como un invitado protocolar, sino como una industria editorial que busca ampliar su alcance fuera de sus fronteras. Para los protagonistas del proyecto, la feria es una vitrina para autores, editoriales y traductores, pero también una prueba concreta de capacidad para vender libros, mover derechos y sostener presencia internacional.
El ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Francisco Undurraga, afirmó que ser País Invitado de Honor en Frankfurt 2027 es «una oportunidad extraordinaria» para mostrar la riqueza y la diversidad de la literatura y la cultura chilena. También sostuvo que el objetivo es lograr «más autores publicados, más traducciones, más lectores y nuevas oportunidades» para la industria editorial y la cultura del país.
Juergen Boos, director de la Frankfurter Buchmesse, destacó que Chile tiene un rico patrimonio literario, con voces como Gabriela Mistral, Pablo Neruda e Isabel Allende, y subrayó además la presencia de editoriales independientes y de voces contemporáneas como Alejandro Zambra, Nona Fernández y Daniela Catrileo. También valoró la ilustración de libros en Chile y dijo que espera ver a numerosas voces literarias y artistas dialogar con un público internacional en Frankfurt.
Desde Berlín, el embajador de Chile en Alemania, Jorge Sandrock, resaltó que el rol de País Invitado de Honor ofrece «un espacio privilegiado» para presentar la literatura chilena, pero también para mostrar al país como destino turístico, socio comercial y aliado estratégico. Ese giro no es menor: en la trastienda de la feria, la cultura funciona también como plataforma de posicionamiento económico y diplomático.
La dimensión del desafío aparece en una cifra que explica el interés por Frankfurt. En 2024, Chile importó libros por US$69,5 millones y exportó cerca de US$2 millones. La distancia entre ambos montos revela una asimetría que el trabajo hacia 2027 busca reducir, fortaleciendo las capacidades de internacionalización de editoriales y profesionales del libro.
El proyecto ya comenzó a tomar forma. Durante 2026 se han financiado 51 proyectos de traducción, y el programa de promoción internacional de la literatura chilena sigue en marcha. Además, continúa vigente la Shortlist elaborada en 2025: una selección de 27 títulos de autoras y autores chilenos realizada por expertos internacionales con conocimiento del ecosistema editorial germanoparlante.
Esa lista fue distribuida en la feria entre más de 250 profesionales del sector y se presenta como una herramienta para promover la circulación de derechos y acercar la literatura chilena a editoriales, agentes y otros actores clave. Los detalles cuentan la historia: no se trata solo de exhibir libros, sino de convertir esa presencia en acuerdos, traducciones y publicaciones.
Nicolás Leyton, director ejecutivo del proyecto de Chile como País Invitado de Honor en la Feria del Libro de Frankfurt 2027, dijo que el país tiene que saber aprovechar esta «oportunidad única». Añadió que irán con una comitiva de 13 autores, 36 editores y varias actividades durante la feria. También remarcó que el camino a Frankfurt no es solo participar durante una semana, sino sostener un trabajo que toma un año de manera evidente y tres años si se consideran los preparativos y gestiones previas.
La traducción aparece como una de las piezas centrales del plan. Desde 2024, el programa Translating Chile, impulsado por DIRAC, ha apoyado la traducción de 109 títulos de autores chilenos. La meta fijada para octubre de 2027 es alcanzar al menos 160 títulos traducidos, una proyección que el programa espera superar.
Durante la semana, Chile participará en más de 20 actividades en el LatAm Stage, además de contar con un stand propio en el recinto ferial. La programación reunirá conversaciones literarias y encuentros profesionales en torno a la traducción, la circulación de libros y la expansión de la presencia chilena en mercados de habla alemana.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Frankfurt no solo mide prestigio cultural; también revela qué países logran transformar su producción simbólica en comercio, influencia y oportunidades para sus creadores. En ese tablero, la industria editorial chilena busca dejar de ser importadora neta y pasar a competir con más fuerza en el mercado internacional.
El desenlace dependerá de si la apuesta pública y privada consigue algo más que una buena imagen. Si Frankfurt 2027 abre más ventas de derechos, más traducciones y más lectores, el país habrá convertido una vitrina cultural en una palanca real para su industria. Si no, quedará como otra puesta en escena costosa en un sector donde la diferencia entre importar y exportar libros sigue siendo demasiado grande.


