Para entender el presente hay que volver a esa semana. O, en este caso, a ese casete.
Era 1986 y un estudiante peruano en la Universidad de Buenos Aires, Jorge Luis Luján, le envió a su amigo Ángel Ríos, DJ de un programa de rock en Lima, una copia de La voz de los 80, el debut de Los Prisioneros. Esa cinta, reproducida en un programa radial peruano, fue la chispa. Lo que vino después sorprendió a todos, incluida la propia banda.
Cuando el trío de San Miguel desembarcó en la capital peruana en 1987 —con su segundo álbum, Pateando piedras, bajo el brazo— no llegaba a un territorio virgen. Llegaba a un público que ya los conocía de memoria. «Llegamos a hacer promoción y nos encontramos con 14 mil personas que se sabían todos los temas», recuerda Jorge González, vocalista del grupo.
La escena lo dice todo.
Esa historia, reconstruida a partir de más de medio centenar de entrevistas, documentación profusa y archivos inéditos, es el corazón de No necesitamos banderas, el nuevo libro del periodista Alejandro Tapia publicado por Borrador Editores. La obra complementa su biografía anterior, Ya viene la fuerza, y se concentra en las huellas que Los Prisioneros dejaron en Perú: una crónica ágil y detallada que sigue la huella de la banda desde ese primer casete pirata hasta los conciertos que sacudieron el rock subterráneo limeño.
El relato de la llegada tiene su propia trastienda. Walter Gonzáles, exproductor radial peruano y gestor de aquellos primeros conciertos, admite que al principio tenía dudas. Le parecía que Jorge González no era buen cantante y le habían dicho que era «medio contreras». «Pero el público los quería y el tiempo me enseñó que yo estaba equivocado», cuenta. El mercado, en este caso el mercado cultural, tenía razón antes que el intermediario.
Lo que el libro ilumina no es solo una historia de fans y giras. Es la historia de cómo la cultura circula cuando los canales oficiales fallan o simplemente no existen. Los Prisioneros no llegaron a Perú por una multinacional discográfica ni por una campaña de promoción. Llegaron por una copia pirata, un DJ entusiasta y el boca a boca en una red de jóvenes conectados por el rock. Todo esto ocurría, además, bajo el ojo vigilante de la dictadura chilena, que hacía de cada movimiento de la banda un acto con doble lectura.
Los detalles cuentan la historia.
El libro de Tapia se publica en un momento en que el debate sobre la identidad cultural latinoamericana vuelve a estar sobre la mesa, y su valor no es solo documental. Es también un recordatorio de que las fronteras —políticas, comerciales, ideológicas— rara vez detienen lo que la gente quiere escuchar.
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En el mismo espacio de novedades editoriales aparece otro título que merece atención: el ensayo del filósofo francés Dorian Astor, editor y biógrafo de Nietzsche, que reflexiona sobre la certeza y la incertidumbre. «No hay nada más inquietante que un pasado incierto», escribe Astor. «La incertidumbre del pasado es el pánico del origen». Tomando un epígrafe del propio Nietzsche —«No es la duda sino la certeza lo que vuelve loco»—, el autor defiende la pasión por la incertidumbre frente a lo que llama la pretensión de superioridad de la certeza absoluta. Reconoce en cada ser humano «un pequeño déspota que se aferra a sus certezas como a una fe» y advierte en ello el camino hacia los fanatismos.
Es una tesis que, leída desde la política latinoamericana de hoy, resulta incómoda para más de un gobierno que gobierna con la convicción de tener la historia de su lado.
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Hemisferio celebra que el mercado editorial en español siga produciendo obras de este calibre: libros que reconstruyen la cultura popular con rigor periodístico y ensayos que desafían el pensamiento dogmático sin necesidad de un aparato estatal que los avale ni una burocracia cultural que los certifique. El caso de Los Prisioneros en Perú es, en el fondo, una historia de libre circulación: ideas, canciones y energía que cruzaron fronteras sin pedir permiso. Que esa historia se cuente ahora, con archivos y entrevistas, es una pequeña victoria del trabajo intelectual honesto sobre el olvido.



