La escena lo dice todo: un lunes cualquiera en el límite entre Ñuñoa y Providencia, el auto del senador Rodolfo Carter y una motocicleta se encontraron casi de frente sobre la calle Arturo Medina.
Según los primeros reportes recogidos por La Tercera, Carter se desplazaba hacia el norte por esa vía cuando intentó tomar la calle Eliecer Parada, donde existe un disco «pare». En ese momento, un motociclista de nacionalidad ecuatoriana intentó frenar, perdió el control y cayó.
Ambos vehículos circulaban a una velocidad que les permitió detenerse, aunque con consecuencias muy distintas para cada uno de los involucrados. El senador resultó ileso. El motorista, en cambio, fue trasladado al Servicio de Urgencia del Hospital del Salvador de Providencia con un diagnóstico preliminar de fractura en el hombro derecho.
Carter también se dirigió al mismo centro asistencial, aunque, según precisaron las fuentes consultadas por este medio, el parlamentario no estaba obligado a hacerlo.
Los detalles cuentan la historia: se trató, en los términos de quienes conocieron el incidente, de un accidente calificado como leve. No hubo colisión directa entre los dos vehículos; fue la caída del motociclista al perder el control la que derivó en la lesión.
Hasta el cierre de esta edición no se habían reportado consecuencias legales ni administrativas para ninguna de las partes, más allá de la atención médica prestada al conductor de la moto.
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Un episodio menor en la agenda de un legislador activo, pero que ilustra algo que los capitalinos conocen bien: el caos vial de Santiago no distingue entre ciudadanos comunes y representantes electos. Lo que sí distingue, y vale la pena subrayarlo, es la decisión voluntaria del senador de acudir al hospital junto al accidentado, sin estar obligado a ello. En un entorno político donde la rendición de cuentas suele ser la excepción y no la regla, ese gesto —pequeño, pero concreto— apunta en la dirección correcta.



