Los vehículos eléctricos e híbridos alcanzaron en septiembre un hito que hasta hace poco parecía lejano en Colombia: concentraron la mayor participación de ventas de unidades nuevas en un mes, según los informes de la Andi y Fenalco. La escena lo dice todo. En un mercado todavía dominado por la lógica del combustible tradicional, la preferencia del comprador empezó a cambiar de manera visible.
Durante ese mes, estos vehículos sumaron 17.156 matrículas, equivalentes a una participación del 50,7 %. Dentro de ese grupo, los eléctricos registraron 5.895 matrículas nuevas, una cifra que superó la de abril. Los híbridos, por su parte, llegaron a 11.261 unidades en septiembre, un aumento de 58,6 % frente al mismo mes del año pasado.
El giro no se limita a un solo mes. En lo corrido del 2026, las ventas de carros eléctricos e híbridos ya alcanzaron 114.255 unidades, con una participación cercana al 46 % del mercado. Ese dato muestra que la transición dejó de ser una apuesta marginal y comenzó a ocupar un lugar central en el sector automotor colombiano.
En diálogo con SEMANA, Eduardo Visbal, vicepresidente de Comercio Exterior y Sector Automotor de Fenalco, dijo que el crecimiento responde a varios factores. Entre ellos mencionó una mayor oferta de modelos y tecnologías, más consumidores interesados en vehículos eficientes y de menores emisiones, y condiciones que han acompañado esa transición.
Visbal también señaló que el alto crecimiento de las escalas mundiales de producción contribuyó a bajar los niveles internacionales de precios. A eso sumó la revaluación de la tasa de cambio y medidas como la exención de «pico y placa».
Para el gremio, la tendencia todavía tiene espacio para seguir avanzando. Visbal afirmó que esperan que la transición continúe y que, más allá de proyectar una participación específica, las cifras muestran una tendencia clara hacia una mayor presencia de estas tecnologías en el mercado colombiano.
Los detalles cuentan la historia. Detrás de cada matrícula hay una decisión de consumo, pero también una señal para el mercado: cuando cambian los incentivos, cambian las preferencias. Y cuando la oferta, el precio y la regulación dejan de castigar la adopción tecnológica, el comprador responde.
Ese es el desenlace que importa para la economía real. La expansión de los eléctricos e híbridos favorece a quienes pueden elegir mejores opciones de movilidad y obliga al sector a competir con más innovación, no con privilegios. También pone bajo presión a las viejas inercias del mercado y a cualquier estructura que viva de frenar la modernización.
Para el consumidor, el dato sugiere más alternativas. Para la libre empresa, confirma que la competencia y la escala global empujan la transición más rápido que el discurso. Y para el Estado, deja una lección incómoda: cuando la burocracia no estorba, el mercado avanza.



