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Carla Fernández abre Fashion Week México con una colección que convierte el cruce cultural en pasarela

La diseñadora inauguró el evento en Ciudad de México con Pacífica, una propuesta inspirada en el Galeón de Manila y construida con colaboraciones artesanales. La escena puso a la moda mexicana en el centro de su propia historia comercial y cultural.
Imagen generada con IA
miércoles 14 de octubre de 2026

Volvo Fashion Week México arrancó en la Ciudad de México entre el 12 y el 17 de octubre, con más de veinte desfiles de diseñadores nacionales destacados. La inauguración estuvo a cargo de Carla Fernández, que presentó Pacífica en Casa Club, en la colonia Roma.

La escena lo dice todo. Antes de que avanzaran los modelos, Fernández explicó que su colección toma como punto de partida el Galeón de Manila, la ruta marítima que conectó comercialmente a América, Asia y Europa, especialmente a Manila con Acapulco, entre 1565 y 1815. Para la diseñadora, ese intercambio no fue solo comercial, sino también cultural, y ayudó a formar tradición e identidad.

«Este comercio duró tres siglos e hizo de México el centro del mundo; el comercio mundial empezó en nuestras tierras», dijo Fernández. También sostuvo que muchas piezas o expresiones del arte presentes en México tienen origen en otros lugares, y que algunas que se ven en otros países, como el curry, tienen origen en México.

La propuesta no se quedó en el discurso. Al centro de la escenografía había sillas que representaban técnicas compartidas, y Fernández mencionó ejemplos como la chaquira, que dijo que viene de la República Checa, y el papel picado, que dijo que viene de Asia. Después, señaló que los bailarines mostrarían tintes naturales que México exportó al mundo, como la grana cochinilla, el añil y el palo de Campeche.

El desfile incluyó un performance con la compañía de danza de Diego Vega y música de Orestes Gómez. Más que una presentación convencional, fue una escena pensada para unir movimiento, vestuario y relato histórico en un mismo gesto.

La colección Pacífica se movió entre tonos blanco, gris, crudo, negro, café, amarillo y naranja. Desde el inicio destacó una textura perlada, mientras que los pantalones fluidos y de pernera amplia marcaron el ritmo visual de la pasarela. Las blusas y camisas aparecieron con cuello con lazo, corte camisero o cuello mao, una forma recurrente en la firma.

También hubo sacos con guiños a la capa charra, una de las referencias reconocibles de la marca. A eso se sumaron plisados, flecos de chaquira, bordados y diseños envolventes o cruzados con superposiciones. Algunas formas florales resaltaron en color y también en negro y metalizadas, con evocaciones a las flores del istmo de Tehuantepec.

El nudo fue uno de los recursos más visibles de la colección. Apareció en trenzados largos y como centro de algunas piezas. La marca explicó que la indumentaria indígena mexicana contiene siglos de encuentros, adaptación y experimentación, en los que técnicas, materiales e ideas provenientes de distintas partes del mundo fueron transformados y hechos propios.

«Los nudos aparecen a lo largo de la colección como símbolo de estas conexiones: un recordatorio de que estamos atados unos a otros, unidos por historias que atraviesan culturas, territorios y generaciones», informó la marca.

Fernández trabaja con artesanas y artesanos, entre ellos tejedores y bordadores, para crear sus diseños. En su cuenta de Instagram, la marca se presenta como una «marca de moda dedicada a preservar y revitalizar el legado textil de las comunidades indígenas de México». En su sitio web también se puede consultar información sobre su equipo de colaboradores.

Acompañaron la colección joyas de plata de Ellena Natalia Díaz y Carla Fernández. La pasarela se presentó ante asistentes que también pudieron ver una exposición sobre el proyecto Karl Lagerfeld Residences del Grupo Bosque Real, instalada para la ocasión en Casa Club.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. La apertura de Fashion Week México dejó a la vista una tensión que la industria de la moda conoce bien: la distancia entre el lujo como escaparate y la producción cultural como trabajo concreto. Aquí, la diseñadora colocó en primer plano a las manos que tejen, bordan y transforman materiales, no al aparato publicitario que rodea a la pasarela.

Ese énfasis importa. Cuando una marca dice que su misión es preservar y revitalizar un legado textil, la pregunta relevante no es solo estética, sino económica y cultural: quién crea el valor, quién lo conserva y quién lo capitaliza. En esta apertura, la respuesta quedó al menos parcialmente a la vista. La moda habló de historia, pero también de oficio, propiedad de la idea y cadena de colaboración.

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