La escena lo dice todo. Mientras Azul Azul atravesaba una de sus semanas más turbulentas —la formalización de Michael Clark en el marco del caso Sartor—, el capitán de Universidad de Chile, Marcelo Díaz, eligió no guardar silencio.
«Lo primero que tengo que decir es que como capitán del club me veo en la obligación y en la necesidad de salir a hablar, porque hoy en día estamos viviendo momentos de mucha incertidumbre», declaró el mediocampista este viernes.
El volante ya había generado polémica en abril, cuando respaldó públicamente a Clark en el momento en que el entonces timonel de la concesionaria se desprendía de sus acciones. En aquella oportunidad, Díaz rescató una frase que le había quedado grabada: que Clark «venía a ordenar la casa». «Muchos nos reíamos, pero fue lo que hizo. Hoy el club está muy sólido económicamente y deportivamente», sostuvo en ese entonces, palabras que le valieron una lluvia de críticas.
Lejos de rectificarse, Díaz profundizó esta semana en esa postura. «Claramente está todo a la vista y no vamos a obviar lo que sucede, pero lo que ha sucedido en abril es lo que sigo sosteniendo y es lo que sigo pensando», afirmó. La distinción que traza el capitán es precisa: habla desde lo deportivo, que es, según sus palabras, «el lugar en el que a mí me corresponde hablar».
El volante también salió al paso de quienes lo han querido vincular con el entramado judicial. «Yo no tengo ninguna injerencia, no tengo ninguna amistad con alguien de Sartor en este caso, en donde me han querido involucrar y de verdad que no tengo ni pito que tocar», señaló con énfasis.
En ese contexto, agradeció el gesto de Cecilia Pérez, actual timonel de Azul Azul, quien salió a defender su figura públicamente. «Le agradecí obviamente, porque no es fácil ponerse en el lugar de otro y empatizar como ella lo hace. Me ha parecido lo correcto», comentó Díaz.
El capitán fue explícito sobre su compromiso con el club desde su regreso en 2024. «Ella y todos los funcionarios del club saben perfectamente quién soy yo, cómo me desvivo día a día en el club. He pasado más horas acá en el club que en mi propia casa por buscar soluciones y que seamos mejores día a día», subrayó.
El mensaje de Díaz se alinea con el que ya había entregado el técnico Fernando Gago: mantener el foco en el campo. «Es lo que nos corresponde a nosotros y lo tenemos que hacer por un compromiso y por un respeto hacia el club y hacia los hinchas. Es difícil muchas veces estar ajeno, pero nosotros tenemos que hacerlo porque es nuestra obligación», cerró el mediocampista.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. La postura de Díaz revela una tensión que el fútbol profesional enfrenta con frecuencia: la separación entre la gestión corporativa de un club y su rendimiento en cancha. El capitán no niega la gravedad de lo que ocurre en la trastienda judicial, pero traza una línea que considera legítima: su responsabilidad termina donde empieza la de los abogados y los fiscales.
Lo que queda en evidencia es que Azul Azul, como concesionaria, enfrenta una crisis de gobernanza que ningún resultado deportivo puede disolver. La solidez económica que Díaz atribuye a la gestión de Clark —dato que él mismo ofrece como argumento— no borra las preguntas que la formalización abre sobre cómo se construyó esa solidez. El hincha y el contribuyente de la institucionalidad deportiva merecen respuestas que van más allá del próximo partido.



