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Cali hace historia: la posesión que rompe dos siglos de protocolo bogotano

Más de 11.000 efectivos de la Fuerza Pública, cerca de 30 delegaciones internacionales y una ciudad entera movilizada reciben a Abelardo de la Espriella en la primera investidura presidencial fuera de Bogotá en más de doscientos años de vida republicana.
Imagen ilustrativa
viernes 7 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. El 7 de agosto, por primera vez desde la fundación de la república, un presidente de Colombia jura el cargo fuera de Bogotá. La ciudad elegida es Cali, capital del Valle del Cauca, y los detalles cuentan la historia de lo que eso significa.

Desde el momento en que se confirmó a Cali como sede de la ceremonia, las autoridades nacionales y distritales activaron un operativo sin precedentes. Más de 11.000 hombres y mujeres de la Fuerza Pública están desplegados en Cali, el Valle y el norte del Cauca. El Ejército mantiene un tercer anillo de seguridad desde el Cauca y las principales vías de acceso a la ciudad; la Policía reforzó los controles en los ingresos con puestos itinerantes, unidades de inteligencia y vigilancia permanente. Un Puesto de Mando Unificado coordina todas las capacidades operativas y logísticas para atender cualquier eventualidad.

El secretario encargado de Seguridad y Justicia, Jorge Moreno, fue directo: «Queremos decirles a los caleños y a quienes nos visitan que Cali está segura. Toda amenaza será neutralizada con el trabajo coordinado de nuestras autoridades». Las autoridades mantienen vigente una recompensa de hasta 500 millones de pesos por información que permita prevenir posibles atentados.

Las restricciones operativas son amplias. Desde el 6 de agosto y hasta el sábado al mediodía quedó prohibido el transporte de carga, escombros y trasteos dentro de la ciudad. Se restringió también la venta de combustible en bolsas, canecas o recipientes similares, aunque el abastecimiento en estaciones de servicio continúa con normalidad. El porte de armas está suspendido incluso para quienes cuentan con permiso legal, y la Aeronáutica Civil prohibió el vuelo de drones sobre Cali y municipios vecinos como Yumbo, Jamundí y Palmira, para garantizar el control del espacio aéreo por parte de la Fuerza Aeroespacial Colombiana.

El viernes 7 de agosto rigen medidas adicionales: ley seca entre las 6:00 de la mañana y las 8:00 de la noche, y día sin carro entre las 7:00 de la mañana y las 8:00 de la noche. Como alternativa de movilidad, el sistema MÍO prestará servicio gratuito durante toda la jornada.

El alcalde Alejandro Eder resumió el tono oficial: «Caleños y caleñas pueden estar tranquilos. Nuestra ciudad va a ser una ciudad ejemplar. Cali va a estar en paz y vamos a hacer historia. En más de doscientos años de historia republicana de Colombia, nunca antes un presidente se había posesionado por fuera de Bogotá y eso va a ocurrir aquí, en Cali».

La agenda no es solo de seguridad. El 6 de agosto, la Plaza de Caicedo es escenario de muestras gastronómicas, culturales y de emprendimiento entre las 8:00 de la mañana y las 8:00 de la noche. A las 3:30 de la tarde, los aviones Kfir de la Fuerza Aeroespacial Colombiana realizarán un sobrevuelo conmemorativo por el Día de la Independencia. Desde las 4:00 de la tarde hay jornadas de «Borondó» en los barrios El Peñón y San Fernando, además de actividades en el Bulevar de Oriente.

En el plano diplomático, cerca de 30 delegaciones oficiales llegan a la ciudad, entre ellas diez encabezadas por jefes de Estado o de Gobierno. Entre los invitados figuran el rey Felipe VI de España —quien visitará por primera vez la capital vallecaucana—, los presidentes de Argentina, Chile y Panamá, la presidenta de Costa Rica, el primer ministro de Curazao y delegaciones de alto nivel de Alemania, Corea del Sur, Estados Unidos e Israel. El vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa, fue el primero en llegar. Gianni Infantino, cuya presencia había generado expectativa, no estará en la ceremonia.

En el frente geopolítico, Nate Morris, candidato a embajador de Estados Unidos en Colombia, afirma que De la Espriella sacará a Colombia de la Ruta de la Seda de China.

Para Hemisferio, la lectura es clara. Que la posesión ocurra en Cali —una ciudad que vivió años de violencia urbana y que hoy exhibe un operativo de 11.000 efectivos como garantía de normalidad— no es un detalle de protocolo: es una declaración de intenciones sobre el tipo de Estado que De la Espriella quiere proyectar. Orden, presencia institucional y apertura al mundo son el lenguaje de este 7 de agosto. La trastienda de ese mensaje es también económica: la señal hacia Washington y hacia los capitales privados que observan a Colombia es que el aparato estatal estará al servicio de la estabilidad, no de la confrontación. El desenlace de esa promesa se medirá, como siempre, en los meses que siguen.

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