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Brugada se reivindica frente a las élites y pone la justicia social en el centro

La jefa de Gobierno dijo que no representa a los de arriba, sino a la justicia social, al cumplir dos años de gestión en el Auditorio Nacional. El mensaje refuerza su apuesta política, pero también deja abierta la discusión sobre resultados concretos para la ciudad.
lunes 5 de octubre de 2026

La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, convirtió su mensaje por los dos años de gobierno en una defensa política de su proyecto. En el Auditorio Nacional, aseguró que no fue «la candidata de las élites» y que no gobierna para quienes «se han creído dueños y señores de México».

La escena lo dice todo. Frente a simpatizantes y en un acto de balance, Brugada colocó la justicia social como eje de su administración. Dijo que su método es el territorio y que su brújula es el pueblo.

«No fui la candidata de las élites, ni soy la gobernante de quienes se han creído dueños y señores de México», afirmó. También sostuvo que gobiernan para «todas, todos y todes» y que trabajan por una ciudad «justa y moderna, igualitaria y próspera, solidaria e innovadora».

En su mensaje, Brugada enlazó su gestión con la Cuarta Transformación de México, movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador. Dijo que hace más de dos años se enfrentaron en las urnas «dos proyectos de ciudad»: una ciudad para unos cuantos o una ciudad para todas, todos y todes.

Añadió que el triunfo electoral del 2 de junio, aunque no lo mencionó de esa manera, fue un mandato y no «un cheque en blanco». Según su planteamiento, esa confianza implica una obligación de rendir cuentas y de cumplir.

La jefa de Gobierno insistió en que sus principios son claros: «por el bien de todos, primero los pobres». También defendió un gobierno «honesto, austero, sin lujos ni privilegios».

En otro tramo del mensaje, afirmó que la educación, la salud y la vivienda son derechos y no mercancías. Señaló además que es tiempo de hacer justicia a las mujeres, de impulsar la revolución de los cuidados, de poner a las periferias al centro y de considerar a la juventud como el corazón de la transformación.

El balance presentado por Brugada se dio en medio de una narrativa política que busca contraponer su gobierno con una ciudad pensada para «los de arriba». No hubo en su mensaje una discusión técnica sobre costos, metas o indicadores; sí una definición ideológica muy clara sobre el papel del gobierno.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. El discurso de Brugada no solo celebró dos años de gestión: también fijó el tono de lo que viene. La apuesta es conocida en la izquierda: más Estado, más redistribución y más derechos sociales como eje de legitimidad pública.

Pero esa misma fórmula tiene una pregunta inevitable para cualquier administración: si el centro del relato está en el pueblo, los resultados deben verse en la calle, en los servicios y en la vida cotidiana de los contribuyentes que sostienen el aparato público. Ahí es donde se mide si la consigna se convierte en gobierno efectivo o queda en una declaración de principios.

En una ciudad enorme y compleja como la capital, el discurso de justicia social siempre tiene eco político. Sin embargo, también obliga a que cada peso, cada obra y cada promesa puedan justificarse con hechos verificables. El desenlace de esta etapa no se leerá solo en los aplausos del Auditorio Nacional, sino en la capacidad de la administración para traducir su retórica en orden, movilidad, vivienda y servicios reales.

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