El Museo de Bellas Artes de Bilbao reabrirá sus puertas este 5 de octubre para presentar 180 obras de la Colección Patricia Phelps de Cisneros, un conjunto de piezas de artistas y viajeros europeos del siglo XVII al siglo XIX que reflejaron paisajes latinoamericanos.
La muestra, titulada «Visiones de Ultramar», reúne dibujos, pinturas, grabados, libros y fotografías. Según el director del museo, Miguel Zugaza, la exposición ofrece «un billete especial para hacer un viaje fascinante al Nuevo Mundo» y constituye «un inmenso atlas de reconocimiento de Latinoamérica», creado por viajeros europeos y norteamericanos.
Zugaza explicó, según recoge la agencia EFE, que las obras las reunieron a lo largo de su vida Patricia Phelps y su esposo Gustavo Cisneros. También indicó que esta colección es probablemente la menos conocida de las que conformaron, porque solo se ha exhibido una vez antes.
La exposición llega a Bilbao bajo el patrocinio de la Fundación BBVA. El museo había previsto presentar esta muestra en 2020, pero el plan se frustró por la pandemia de covid. Ahora, Zugaza dedicó el proyecto a Gustavo de Cisneros, ya fallecido, y dijo que el tiempo de espera «ha permitido madurar el proyecto».
La comisaria, Estrella de Diego, ajustó «la lectura de estas estampas de ultramar desde la actual revisión de la historia colonial». En esa misma línea, Gabriel Pérez Barreiro, actual director artístico del Museo de la Universidad de Navarra, explicó que la colección nació en la década de los 80 con la compra de un cuadro del pintor barroco Frank Post de 1638, que refleja la época colonial de Brasil y fue pintado por un artista holandés.
Barreiro destacó que la originalidad de la colección reside en la posibilidad de contemplar «paisajes desde el Río Grande hasta el estrecho de Magallanes, incluyendo el Caribe», una visión que calificó de panamericana.
Entre las obras figura un paisaje pintado por Camille Pissarro, artista nacido en las Islas Vírgenes, y una sala dedicada a las expediciones de Auguste Morisot por el Orinoco, en Venezuela, con fotografías, dibujos de paisajes y animales, además de un diario de viaje.
La exposición también incorporará, «a modo de epílogo», el proyecto «El orbe según la colección J.L» de Asier Mendizabal, que reinterpreta diez años después la obra «Problemas de estilo y vasijas de barro» presentada en el Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado en Quito. La instalación, adquirida por el museo de Bilbao en 2025, propone una relectura de aquel proyecto sobre la colección de arte inca que el poeta bilbaíno Juan Larrea reunió en Perú en 1930 y donó a la República española en plena Guerra Civil.
La escena lo dice todo. Una colección privada que nació entre compras de época colonial, viajes transatlánticos y patrimonio reunido por una familia termina instalada en un museo público como objeto de contemplación, estudio y disputa interpretativa. El giro no es menor: lo que antes estaba disperso en manos privadas pasa a formar parte de una conversación pública sobre cómo se mira América Latina, quién la registró y desde qué poder se la representó.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. La reaparición de la muestra, frustrada en 2020 por la pandemia, no es solo un regreso logístico; también es un recordatorio de que las instituciones culturales necesitan continuidad, recursos y planificación para cumplir su función. Cuando el aparato cultural logra abrir sus puertas, el público gana acceso a obras que, de otro modo, quedarían encerradas en circuitos restringidos.
Y hay otra lectura, más de fondo, que importa a una casa editorial que valora la propiedad privada, el mecenazgo y la libertad de creación: el patrocinio de la Fundación BBVA y la trayectoria de los Cisneros muestran que el capital privado puede sostener proyectos de alto valor cultural sin depender por completo del Estado. En tiempos en que la burocracia suele monopolizar el relato patrimonial, esta exposición recuerda que la iniciativa privada también construye memoria, preserva obras y amplía el acceso al arte.

