La escena lo dice todo. Michelle Bachelet llegó con tapaboca al salón de la Cepal en Santiago este martes, excusándose por la gripe que le impidió estar en Montevideo el lunes. Aun así, eligió la presencialidad. El informe que venía a presentar —y la audiencia que lo vería— importaban demasiado para delegarlos a una pantalla.
El documento se titula «Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica». Bachelet lo copresidió junto al expresidente colombiano Iván Duque, al frente de la Comisión sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo de la Cepal. Ambos estuvieron presentes para exponer los conceptos centrales del análisis.
El contenido del informe orbita alrededor de lo que sus autores denominan «rupturas» globales. La primera, y la que Bachelet reconoció como la que más le preocupa, es la erosión del multilateralismo. «El sistema multilateral que emergió de la posguerra nunca fue perfecto ni completo, pero siempre aspiró a la universalidad, al predominio de las reglas mutuamente acordadas y el respeto a los derechos humanos. Este sistema está siendo hoy cuestionado», dijo.
La expresidenta describió el nuevo orden que emerge como «una estrategia argumentada con alianzas selectivas y bloques que compiten entre sí» y advirtió que, a falta de un actor central, «proliferan arreglos paralelos, geometrías variables y formas fragmentadas de gobernanza».
En ese marco, Bachelet apuntó directamente al momento que vive la potencia norteamericana: «el mundo transita de un sistema unipolar liderado por los Estados Unidos hacia una redistribución progresiva del poder y una competencia multipolar asimétrica marcada por la rivalidad entre Estados Unidos y China y por una distribución más diversificada del poder económico, tecnológico y político, incluyendo a grandes empresas multinacionales».
Otras «rupturas» mencionadas en el texto incluyen el deterioro de las instituciones democráticas, con «crecientes restricciones a las libertades civiles y políticas», la polarización política y la «desconfianza institucional». Bachelet agregó el avance de la desinformación y la «crisis de la verdad», que a su juicio está «minando el debate político y socavando la propia capacidad de las sociedades para construir una lectura compartida de la realidad». Cerró el listado con el debilitamiento del consenso global en torno al cambio climático, aunque aclaró que muchos gobiernos nacionales y subnacionales «continúan impulsándolo y profundizando sus agendas climáticas».
Para entender el presente hay que volver a esa semana. La actividad en la Cepal fue, según describió La Tercera, «un pequeño paréntesis» en la agenda real de Bachelet: afinar la estrategia para las próximas etapas de la carrera por la Secretaría General de la ONU, el cargo que ocupa el portugués António Guterres y al que ella aspira a suceder.
Los detalles cuentan la historia. En el primer straw poll —votación informal del Consejo de Seguridad que mide las posibilidades de cada candidatura— Bachelet quedó en un virtual cuarto lugar. A fines de la tercera semana de agosto está previsto un nuevo sondeo, y su equipo trabaja para revertir ese resultado.
El obstáculo más visible, sin embargo, es Washington. Estados Unidos es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y posee poder de veto sobre cualquier nominación. Bachelet aún no ha concretado una reunión con la delegación norteamericana, la última pendiente de la ronda de visitas a los quince países miembro del órgano.
Ahí reside la tensión de fondo. La expresidenta construye su candidatura sobre el pilar del multilateralismo y critica, implícitamente, el rumbo de la administración Trump. Al mismo tiempo, necesita el aval —o al menos la no objeción— de esa misma administración para llegar al cargo más alto de Naciones Unidas. Es una geometría variable, por usar su propia terminología, que no admite demasiados ángulos cómodos.
Para Hemisferio, el episodio ilustra una paradoja clásica de la burocracia internacional: los candidatos que más critican el poder unilateral son, con frecuencia, los que más lo necesitan para avanzar. El informe de la Cepal puede ser un documento valioso sobre el nuevo orden global; la carrera de Bachelet, en cambio, se decidirá a puerta cerrada en Nueva York, no en los salones de Santiago.



