La escena lo dice todo. Mientras el nombre de Michael Clark y el caso Sartor seguían dominando la conversación en los pasillos del club, Cecilia Pérez recorría las instalaciones de Universidad de Chile buscando a sus funcionarios uno por uno. No para dar explicaciones, sino para acompañar.
La presidenta de Azul Azul, la concesionaria que administra al club más popular de Chile, salió al paso esta semana de las dudas que se acumulan sobre el futuro institucional de la organización. El escenario, admite ella misma, «es propio de una instancia como la que remece al club» e incluye a los planteles masculino y femenino y a todos los trabajadores de la institución.
Pero Pérez no deja espacio para la ambigüedad en lo que más inquieta a los hinchas: si el directorio seguirá o no en funciones. «¿Por qué tendría que ser algo distinto?», preguntó. «La ley es muy clara, tenemos un mandato y tenemos la voluntad y convicción de seguir trabajando adelante frente a la adversidad, que sin duda es más difícil. Lo más fácil es dar un paso al costado, pero acá yo, y muchos directores, tenemos el mismo compromiso y cariño por esta institución y sobre todo la responsabilidad».
La timonel azul fue precisa al describir los dos ejes de ese compromiso: el financiero y el humano. «No solamente en términos legales, que es que este club siga teniendo las finanzas saludables, que nos permitan seguir haciendo lo que hemos hecho en los últimos tres años, sino también un compromiso humano, no solamente en lo deportivo, con cada uno de los jugadores y las jugadoras de nuestro club, sino también con nuestros funcionarios», señaló.
El peso de esa declaración no es menor. Azul Azul opera como sociedad anónima, y el mandato al que Pérez apela tiene, por tanto, un contenido jurídico concreto, no solo retórico. «Tengo la certeza de que tenemos un mandato legal, una responsabilidad institucional y lo vamos a ejercer hasta el último día», remató.
La defensa de Marcelo Díaz
Los detalles cuentan la historia. En medio de la crisis institucional, otro frente se abrió esta semana: el del mediocampista Marcelo Díaz, quien recibió críticas de parte de la hinchada por haber respaldado en su momento a Michael Clark. La respuesta de Pérez fue directa y sin matices.
«Lo que ha pasado con Marcelo Díaz lo encuentro condenable, la incitación al odio la encuentro injusta y dolorosa. Si me tengo que parar acá para defenderlo, lo voy a volver a hacer», declaró la presidenta. Y añadió: «Situaciones y escenarios de la vida se dan en ciertas circunstancias. Él lo hizo en ese momento, pero no avala la violencia digital que él ha vivido».
La postura de Pérez traza una distinción que no todos en el entorno del club están dispuestos a aceptar: separar el juicio sobre las decisiones pasadas de Díaz de la condena a la violencia en redes sociales dirigida contra él. Es una línea que la dirigente eligió defender en público, asumiendo el costo político que eso implica en un ambiente de alta crispación.
Lo que está en juego
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El caso Sartor no es solo un episodio judicial que roza a la cúpula del fútbol chileno; es una prueba de estrés para la estructura de gobierno corporativo que Azul Azul intentó construir en los últimos años. La pregunta que subyace a cada declaración de Pérez es si ese modelo —el de una sociedad anónima deportiva con directorio profesional, finanzas ordenadas y objetivos deportivos de mediano plazo— puede sostenerse cuando la presión externa es máxima.
La respuesta que el directorio ha elegido dar es institucional: el mandato existe, la ley lo respalda, y la salida voluntaria no está sobre la mesa. Es, en el fondo, la apuesta por la continuidad del modelo de gestión por sobre el ruido del momento.
Lo que Pérez no puede controlar es el calendario: los «desafíos deportivos» que mencionó tienen fecha de vencimiento en 2025, y la crisis de credibilidad que rodea al club no espera a que los tribunales resuelvan. La dirigencia de Azul Azul ha decidido que la respuesta correcta a la tormenta es no abandonar el timón. Que esa decisión sea también la más inteligente, el tiempo lo dirá.



