La escena lo dice todo. Un ministro de pie frente a un muro de escombros, con camellones prestados y sensores de emergencia, explicando cómo dos ciudades que comparten borde costero llevan días sin conexión vial directa. Eso fue la tarde del martes en avenida España, a la altura del Club de Yates, donde la caída de escombros y remociones de masa han bloqueado la arteria que une Valparaíso con Viña del Mar.
El ministro de Vivienda y Urbanismo, Iván Poduje, detalló en el lugar los planes del gobierno para restablecer el tránsito. La hoja de ruta tiene dos velocidades.
Primera etapa: una pista, esta semana
Para el miércoles se esperaba habilitar una pista de uso exclusivo para el transporte público. La medida no es permanente ni cómoda: implica instalar camellones facilitados por el Minvu y por Esval, cubrir «una longitud de aproximadamente 20 metros» y colocar sensores en el muro para detectar cualquier nuevo deslizamiento. Si los instrumentos registran movimiento, el tráfico se corta de inmediato.
«Lo que se busca acá es poder habilitar una pista primero de transporte público exclusivo, pero con seguridad», remarcó Poduje. El costo de esta fase —camellones, sensores y limpieza— alcanzaría los 300 millones de pesos.
El delegado presidencial de Valparaíso, Manuel Millones, precisó que si esa primera pista funciona bien, la semana siguiente se abriría una segunda: «Hoy día lo concreto es una pista para poder resolver este problema del transporte público».
Segunda etapa: la solución definitiva, 90 días y 800 millones
La obra de fondo es más exigente. Según Poduje, consiste en pernos de anclaje para llegar a roca más estable, una malla de contención y cemento líquido aplicado sobre la superficie. «Esa solución demoraría aproximadamente 90 días», dijo el ministro. El costo estimado para esta fase es de 800 millones de pesos.
Sumadas ambas etapas, el Estado destinará en torno a 1.100 millones de pesos para devolver a los habitantes de ambas ciudades una vía que, en condiciones normales, es parte del flujo cotidiano del Gran Valparaíso.
Los detalles cuentan la historia
La secuencia revela la lógica de la emergencia: primero mover personas, luego consolidar el terreno. Los camellones no son una solución de ingeniería; son un puente de tiempo mientras se ejecuta el trabajo real. Los sensores en el muro son el seguro de vida de esa apuesta provisional.
Lo que no dice el anuncio, pero que el contexto hace evidente, es la presión acumulada sobre los sistemas de transporte público de ambas ciudades durante los días de cierre. Cada jornada sin esa pista es desvíos, tiempos extendidos y costos adicionales para miles de usuarios que no eligieron vivir al pie de un cerro inestable.
Lectura editorial
Para Hemisferio, la pregunta que el anuncio deja abierta no es técnica sino de gestión pública: ¿cuánto de este gasto era evitable con mantenimiento preventivo del talud? Mil cien millones de pesos del erario para reparar una emergencia que, en muchos casos de este tipo, tiene antecedentes visibles con meses o años de anticipación. El aparato estatal suele llegar con camellones y cemento líquido cuando ya no queda otra opción.
La solución de 90 días, si se cumple, será un resultado aceptable. Pero el verdadero indicador de eficiencia no es cuánto tarda el Estado en reparar lo que se cayó, sino cuánto invierte en que no se caiga. Esa contabilidad, la del mantenimiento silencioso que nunca genera conferencia de prensa, es la que los contribuyentes de Valparaíso y Viña del Mar tienen derecho a exigir.



