El gobierno de Abelardo de la Espriella designó a Miguel Fernando Arrázola Pineda como embajador de Colombia en El Salvador. Su hoja de vida fue publicada el 29 de septiembre y allí se indica que se desempeñó como administrador gerente de la Iglesia Cristiana Familiar Ríos de Vida, en Cartagena, durante 16 años.
En el apartado de formación, la hoja de vida señala que estudió Teología Bíblica y Ministerial, además de tener un doctorado honoris causa en Teología Eclesiástica, obtenido este año en la Theological International University of Florida. También cuenta con un Bachelor en Estudios Teológicos de la misma institución y estudios en el Centro de Entrenamiento Bíblico de Colombia Rhema, CEBCO.
Arrázola Pineda nació en Cartagena el 28 de mayo de 1968 y es recordado por ser uno de los principales promotores del voto por el «No» en el plebiscito por la paz de 2016. Ese día, los colombianos decidieron sobre la aprobación o el rechazo del acuerdo de paz con las Farc, en una votación cuyo tarjetón preguntaba: «¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?».
La fuente también recuerda que el pastor más famoso de Cartagena manifestó su apoyo al expresidente Álvaro Uribe durante el periodo en que el plebiscito era presentado por el gobierno de Juan Manuel Santos, que respaldaba el «Sí». Ese apoyo a Uribe se reflejó, según el registro, en el respaldo a figuras políticas cercanas al expresidente, como Juan Manuel Santos durante su primer gobierno, Óscar Iván Zuluaga e Iván Duque.
Arrázola fundó la iglesia Ríos de Vida, donde se realizó un foro sobre el plebiscito al que asistieron integrantes del Centro Democrático. La influencia del pastor también habría tenido eco en la política local: la fuente afirma que habría aportado votos a Dionisio Vélez para llegar a la Alcaldía de Cartagena en el periodo atípico de 2013-2015, y que también habría hecho lo mismo con Judith Pinedo, conocida como «La Mariamulata», y con el fallecido Campo Elías Terán.
Su poder de convocatoria ha sido descrito como significativo. La fuente dice que ha llegado a llenar el estadio de Cartagena y a movilizar a unas 20.000 personas. Ahora, Arrázola aparece como una figura cercana a De la Espriella, quien le ofrece un cargo de libre nombramiento y remoción en un gobierno que asegura buscar cerrar las heridas que dejó abiertas Gustavo Petro.
La escena lo dice todo: un pastor con capacidad para mover multitudes pasa de la tribuna religiosa al aparato estatal. En un país donde la política sigue premiando la lealtad, la movilización y el acceso a votos, este nombramiento muestra hasta qué punto la influencia territorial sigue siendo una moneda de poder.
También deja una lección más incómoda para quienes defienden instituciones serias y reglas claras. Cuando el Estado abre sus embajadas a figuras cuyo capital principal es la movilización política, el mensaje que recibe el ciudadano es que la proximidad al poder pesa más que la especialización. Eso no fortalece la meritocracia; la debilita.



