La escena lo dice todo. A media tarde del miércoles, el cruce de Avenida Colombia y Avenida Sarmiento, en el corazón de Palermo, quedó cortado. Patrulleros, bomberos y personal especializado en explosivos rodearon el edificio de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, situado en Avenida Colombia al 4300. El motivo: una amenaza de bomba que, según fuentes cercanas a la investigación citadas por La Nación, llegó por vía telefónica y advertía sobre un artefacto colocado en la parte exterior del inmueble.
El operativo movilizó a la División de Explosivos de la Policía Federal Argentina y al Escuadrón Antibombas de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires. El edificio —habitualmente concurrido por ciudadanos argentinos que tramitan visas para viajar a Estados Unidos— fue completamente evacuado. Todo el personal quedó a salvo.
Horas después, la propia embajada, conducida por el embajador Peter Lamelas, emitió un comunicado a través de X. «La Embajada recibió hoy una amenaza de bomba, que fue descartada tras una minuciosa investigación. Todo el personal se encuentra a salvo. Agradecemos profundamente la rápida intervención y el profesionalismo de la Policía Federal Argentina y de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, cuya respuesta permitió resolver la situación de manera segura», expresó el organismo.
Los detalles cuentan la historia. El edificio se encuentra a pocas cuadras de La Rural, sede que tres días antes había cerrado su 138.ª Exposición Rural, evento al que asistió el presidente Javier Milei. A metros también de Avenida Libertador y de una zona de parques con alta concurrencia familiar en plenas vacaciones de invierno. La ubicación, en otras palabras, no es un detalle menor a la hora de evaluar el impacto potencial de cualquier incidente de seguridad en el área.
Para entender el presente hay que volver a esa semana, pero también a episodios anteriores. En 2023, la embajada protagonizó dos situaciones similares. El 15 de marzo de ese año debió ser evacuada tras el hallazgo de una mochila abandonada; las fuerzas de seguridad determinaron que no representaba peligro. El 18 de octubre, la sede recibió una amenaza de bomba por correo electrónico, apenas minutos después de que un episodio idéntico afectara al edificio de la Embajada de Israel en Argentina. En ese caso, la denuncia fue radicada por el jefe de seguridad ante la Comisaría Vecinal 14C.
El patrón, aunque no permite extraer conclusiones definitivas sobre autoría o motivación, muestra que las representaciones diplomáticas en Buenos Aires han sido blanco recurrente de este tipo de alertas en los últimos años.
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Lo que el episodio del miércoles sí confirma, sin ambigüedad, es la capacidad de respuesta del aparato de seguridad porteño y federal. La coordinación entre la Policía Federal y la Policía de la Ciudad, con unidades especializadas desplegadas en tiempo récord, funcionó como debe funcionar: sin víctimas, con la amenaza descartada y con la situación resuelta antes de que el caos se instalara en uno de los corredores más transitados de la ciudad.
En un contexto en que la seguridad y el estado de derecho son bienes cada vez más escasos en la región, la respuesta institucional argentina ante esta amenaza merece ser anotada. Las alianzas estratégicas, comenzando por la relación con Washington, se sostienen también en la confianza cotidiana: la certeza de que, cuando suena una alarma frente a una embajada norteamericana, el Estado anfitrión responde con profesionalismo. Esa confianza tiene valor, y preservarla es una responsabilidad que las fuerzas de seguridad argentinas, esta tarde, cumplieron.



