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Aluvión en Las Condes golpea autos, viviendas y clínicas y deja a Kast con la emergencia encima

Un torrente de barro y agua arrastró vehículos y buses en el este de Santiago, afectó inmuebles y dejó al menos seis heridos. Kast decretó zona de catástrofe en Las Condes para concentrar recursos en la respuesta.
viernes 9 de octubre de 2026

Un aluvión inusual irrumpió este jueves en Las Condes, uno de los sectores residenciales de mayores ingresos de Santiago de Chile, y convirtió varias calles en una trampa de barro, piedras y desechos.

Las autoridades informaron que el fenómeno dejó al menos seis heridos, entre ellos un bebé de un año, además de personas aisladas y múltiples daños materiales. El torrente, provocado por intensas lluvias, arrastró decenas de vehículos y también buses en las empinadas calles del sector.

La escena lo dice todo. Videos difundidos por ciudadanos mostraron automóviles y un autobús del servicio público con pasajeros en su interior y sobre el techo, mientras la corriente bajaba con fuerza desde la cordillera hacia la ciudad.

El presidente José Antonio Kast dijo en X que enfrentaban «una emergencia de activación muy rápida en Las Condes con grave afectación a vehículos y viviendas en algunas calles producto de un aluvión de agua y barro». Luego decretó estado de catástrofe en la comuna para «disponer todos los recursos» frente a la emergencia.

Germán Codina, delegado presidencial en Santiago, dijo a la prensa que se estaba recabando información para confirmar que solo fueran seis los lesionados conocidos hasta el momento, incluido «un menor de un año con una fractura». Más tarde, el propio Codina apuntó preliminarmente a la obstrucción de dos ductos como posible origen del torrente.

La emergencia también alcanzó inmuebles. El agua y el barro afectaron viviendas, una universidad que quedó aislada y el servicio de urgencias de una clínica, según reportes citados por la prensa local. En la zona, además, se ubican varias clínicas privadas y el estadio de Universidad Católica.

El comandante del Cuerpo de Bomberos de Santiago, Giorgio Tromben, detalló que los equipos salieron a ayudar a personas atrapadas en vehículos, en casas donde entró barro y en universidades donde quedaron aisladas. Añadió que el acceso era difícil y que se requería extraer a las personas de esos lugares.

José Francisco Lagos, secretario de gobierno, dijo en una breve rueda de prensa que el gobierno estaba monitoreando la situación de las clínicas y hospitales del sector, algunos de los cuales habían sido afectados.

Miguel Muñoz, director regional del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres para la Región Metropolitana, informó que el aluvión se registró por intensas precipitaciones y por la activación de quebradas en la comuna. La Región Metropolitana llevaba desde el martes con lluvias intensas y tormentas eléctricas, en la zona del país con más precipitaciones.

Catalina San Martín, alcaldesa de Las Condes, dijo que la lluvia era «absolutamente inesperada» y la vinculó con El Niño, fenómeno que eleva la temperatura en la superficie del Pacífico y altera los patrones de vientos y precipitaciones en todo el planeta. La Organización de las Naciones Unidas ha dicho que este podría ser el El Niño más fuerte desde hace medio siglo.

Codina también vinculó las consecuencias del aluvión con el incendio registrado durante el verano pasado en esa zona precordillerana, que produjo la pérdida de la capa vegetal que sostenía el terreno. En paralelo, el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres explicó que un aluvión es un flujo de barro donde el agua arrastra material suelto por una ladera, quebrada o cauce, y puede ganar tamaño y velocidad pendiente abajo.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. Las lluvias volvieron a poner a prueba una zona donde conviven barrios de alto ingreso, clínicas privadas y acceso difícil por la geografía. Cuando el aparato estatal reacciona, lo hace sobre todo para contener daños ya extendidos, no para evitar que el agua llegue.

El episodio también deja una advertencia sobre infraestructura, mantenimiento y prevención. Cuando se obstruyen ductos o fallan los cauces, el costo no lo paga una abstracción: lo pagan vecinos, pacientes, conductores y contribuyentes obligados a financiar la respuesta de emergencia.

En una ciudad de 7 millones de habitantes, la diferencia entre control y desborde no es menor. La prioridad debería ser que el orden, la prevención y la capacidad de respuesta estén a la altura de una capital que no puede permitirse que la lluvia transforme calles, clínicas y viviendas en una escena de rescate.

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