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Álex Flórez, a juicio por violencia intrafamiliar: la Corte Suprema lleva el caso a otra fase

La Sala Especial de Instrucción acusó al senador del Pacto Histórico por violencia intrafamiliar agravada, con base en una denuncia y material probatorio recogido sobre hechos de 2020 y 2021. El proceso avanza mientras el alto tribunal pone bajo escrutinio una conducta que, según la investigación, habría incluido violencia verbal y física.
jueves 17 de septiembre de 2026

La Sala Especial de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia decidió acusar al senador Álex Flórez Hernández, del Pacto Histórico, por violencia intrafamiliar agravada. La medida convierte el expediente en una nueva etapa judicial para el parlamentario, investigado por hechos ocurridos entre 2020 y 2021 contra su entonces pareja sentimental, Johanna Peláez Botero.

Los magistrados tuvieron en cuenta una denuncia que da cuenta de la presunta conducta irregular cometida por Flórez en ese periodo. De acuerdo con esa versión, el senador habría infringido violencia verbal y física contra Peláez Botero.

El alto tribunal también allegó material probatorio documental y testimonial que advierte que Flórez habría golpeado a la mamá de su hijo por supuestamente negarse a abortar. Según la misma información judicial, esos hechos habrían ocurrido cuando Flórez era concejal de Medellín.

En el momento en que se conoció la denuncia por maltrato, Flórez y su expareja emitieron un comunicado en el que se limitaron a informar que mantenían una buena relación alrededor de su hijo, sin desmentir la supuesta agresión.

La escena lo dice todo. Un caso que toca a un senador en ejercicio termina ahora en la antesala de un juicio, con la Corte Suprema como filtro institucional y con una denuncia que apunta a hechos graves dentro del ámbito familiar. Cuando un expediente de esta naturaleza llega a esa fase, el mensaje no es menor: el Estado debe actuar con la misma firmeza frente a cualquier ciudadano, incluso cuando el investigado ocupa una curul.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. El caso no solo expone una presunta violencia contra una mujer en un contexto íntimo; también recuerda que la confianza pública se erosiona cuando los dirigentes que hablan de representación y de normas quedan atrapados en señalamientos de este tipo. Los detalles cuentan la historia. Y aquí los detalles judiciales ya alcanzan la categoría de acusación formal.

Desde el punto de vista institucional, lo central es que la Corte Suprema avanzó con base en elementos documentales y testimoniales, no en rumor. Ese estándar importa. En un país donde la justicia suele ser medida por su capacidad de llegar a los poderosos, el desenlace de este proceso dirá mucho más que el destino de un solo político: dirá si la ley pesa igual para todos o si la investidura sigue siendo una barrera invisible.

También hay una dimensión de orden público moral que la política no debería evadir. La violencia intrafamiliar no es un asunto menor ni una disputa privada sin consecuencias. Cuando la denuncia describe golpes, agresiones verbales y una supuesta presión ligada a la negativa de abortar, la discusión trasciende la coyuntura partidista y entra en el terreno de la responsabilidad personal. Allí no hay espacio para el maquillaje retórico.

El caso, además, deja en evidencia el costo institucional de una clase política que exige credibilidad mientras enfrenta procesos de esta gravedad. No se trata de sustituir la presunción de inocencia, que sigue vigente, sino de reconocer que una acusación de esta naturaleza afecta la legitimidad del cargo y obliga a exigir claridad, rapidez y rigor. La sociedad no puede permitirse una cultura de indulgencia frente a la violencia en el hogar, menos todavía cuando el protagonista es un senador.

En el fondo, lo que está en juego es la autoridad de la ley y la idea básica de que el poder público no concede privilegios frente a los hechos. Si la Corte avanza, deberá hacerlo con plena solidez probatoria. Si el proceso se cae, también deberá explicarse por qué. Pero mientras eso ocurre, el expediente ya dejó una señal inequívoca: la justicia decidió pasar de la investigación a la acusación, y ese salto tiene un peso político e institucional imposible de ignorar.

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