Este martes en Dain Usina Cultural, Patricia Kolesnicov presentó Un presidente que sea como un rey. El Alberdi que Milei tiene en la cabeza junto a Andrés Gil Domínguez, Daniel Pereyra y Marcelo Ramal. Durante más de una hora, los tres discutieron el lugar de Alberdi en la tradición argentina y su relación con el presidente Javier Milei.
La escena lo dice todo. Lo que empezó como una presentación de libro terminó en una disputa de interpretación política e institucional: ¿hay continuidad entre Alberdi y Milei, o el gobierno actual toma solo una parte del pensamiento del prócer para justificar un poder más amplio? Las respuestas, como era de esperar, fueron muy distintas.
Kolesnicov explicó que el disparador del libro fue la noche en que Milei ganó las elecciones y dijo que su gobierno «volvería a abrazar las ideas de Alberdi». A partir de esa frase, la autora se preguntó: «¿Y Alberdi qué dijo? ¿Qué me está avisando?». Ese gesto inicial marcó el tono del debate: no se trató solo de historia intelectual, sino de qué legado se invoca hoy para orientar la acción de gobierno.
Andrés Gil Domínguez fue el más frontal. Sostuvo que la diferencia de fondo entre Alberdi y Milei es que uno fue un constructor y el otro un destructor. Según el abogado, Alberdi siempre buscó limitar el poder, tanto en Las Bases como en El sistema rentístico, donde explicó el modelo económico que surgía de la Constitución de 1853. En contraste, dijo que Milei considera «ñoño republicano» a quien defiende la república.
Gil Domínguez también cuestionó la relación del Presidente con la división de poderes. Señaló que los límites al poder le generan escozor al mandatario y afirmó que desconoce de manera permanente ese principio. En otro tramo, puso el foco en los derechos individuales y dijo que no imagina a Alberdi firmando el decreto que derogó un artículo de la ley de identidad de género y dejó a chicos y chicas trans y a sus familias «en una situación de angustia existencial enorme, gratuita».
Del otro lado, Daniel Pereyra defendió la continuidad entre ambos. Contó que años antes de que Milei ganara las elecciones publicó un artículo titulado Alberdi, el primer Milei y mencionó como puntos de contacto la libertad individual, la libertad de comercio y la propiedad privada. Según Pereyra, el primer punto del Pacto de Mayo —el reconocimiento de la propiedad privada— tiene raíz directa en Alberdi.
Pereyra también destacó que Alberdi, como diplomático, firmó el reconocimiento del Reino de España de la independencia argentina. Y defendió la decisión de Milei de publicar una edición de Las Bases con prólogo propio, en el que declara que esa obra es «la hoja de ruta del Gobierno». Según dijo, solo dos presidentes anteriores habían editado textos de Alberdi: Urquiza y Roca.
En la presentación, Pereyra aclaró además que la frase «un presidente que sea como un rey» no fue de Alberdi, sino que él mismo la atribuyó a Simón Bolívar, aunque no existe registro de que Bolívar la haya dicho. Kolesnicov respondió que Alberdi «la toma, la hace suya». La autora precisó que no proponía una monarquía vitalicia, sino un Poder Ejecutivo fuerte en situaciones excepcionales dentro de un marco constitucional. Pereyra lo resumió con otra cita: «El despotismo dáselo a un presidente, pero a través de una constitución».
Marcelo Ramal aportó la lectura más crítica sobre el proyecto alberdiano. En el libro sostuvo que fue «un sueño capitalista tardío». En el debate matizó esa idea y planteó si el proyecto fue realmente tardío o más bien frustrado por las condiciones en que evolucionaron las relaciones sociales en la Argentina.
Para Ramal, el problema central estuvo en la estructura del latifundio, que bloqueó la colonización agraria que Alberdi imaginaba. Dijo que la Argentina no fue la de Wheelwright, sino «la banca Morgan», y sostuvo que el país que se construyó sobre la deuda externa y la exportación agropecuaria terminó siendo una traición al propio proyecto del pensador. También citó a Sarmiento para describir cómo Alberdi vio caer a sus ídolos y prevalecer a quienes detestaba.
Sobre Milei, Ramal trazó una distinción histórica: dijo que el liberalismo de Alberdi estaba asociado a desembarazar al país de los resabios coloniales. En ese contraste aparece el punto de mayor tensión de la noche: no solo quién interpreta mejor a Alberdi, sino qué tipo de libertad se quiere reivindicar desde el poder.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El Gobierno necesita fundarse en una tradición para darle legitimidad a su proyecto, pero la discusión en Dain Usina Cultural mostró que esa herencia no es automática ni inocente. La libertad de comercio, la propiedad privada y la limitación del poder no vienen en paquete cerrado: también exigen instituciones, reglas y controles.
Ahí está el corazón del asunto para quien mira la política con una vara de libre mercado y estado de derecho. Si Alberdi sirve para fortalecer la propiedad privada y la iniciativa individual, su valor es claro. Si se lo usa para blindar un poder más concentrado, el resultado es otro: menos república y más discrecionalidad. Los protagonistas del debate no lo resolvieron, pero dejaron expuesta la pregunta que Milei todavía no termina de contestar.


