La escena lo dice todo. A medianoche del miércoles 22 de julio, cuando buena parte del país dormía, las lluvias más intensas de la temporada comenzaron a caer sobre el sur de Bolívar, Córdoba y Sucre, y se extendieron hacia Cundinamarca, Boyacá, Santander, Norte de Santander, Antioquia, Chocó, Cauca, Tolima y el Eje Cafetero. Para el jueves 23, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ya monitoreaba el cuadro completo.
Rodney Poveda, meteorólogo del Ideam, describió las condiciones como «realmente importantes» en todos esos departamentos. Las precipitaciones más fuertes se concentraron en el sur de la región Caribe, la región Andina y el Pacífico, acompañadas de actividad eléctrica en varias zonas.
El mapa del riesgo
El Ideam contabiliza 317 municipios con algún nivel de alerta por deslizamientos de tierra. La distribución geográfica abarca principalmente la Orinoquia, la Amazonia, el Pacífico y el norte de la región Andina. De ese universo, 51 municipios permanecen en alerta roja: Chocó encabeza la lista con 12 municipios en ese estado crítico, seguido por Meta con seis y Boyacá con cuatro.
Poveda explicó el mecanismo detrás del peligro: aunque los modelos proyectaban un descenso de las condiciones nubosas para el viernes 24 y el sábado 25 de julio, la amenaza no cede porque los suelos acumulan una alta saturación. «Sin embargo, el domingo volverán a incrementarse las condiciones nubosas y podrían registrarse precipitaciones importantes nuevamente en el norte de la región Andina, la región Pacífica, la Orinoquia y sectores del centro y sur de la región Caribe», advirtió el meteorólogo.
Los detalles cuentan la historia. Un suelo saturado no necesita lluvias excepcionales para colapsar; basta con una precipitación moderada sobre tierra que ya no puede absorber más agua. Esa es la lógica que mantiene en máxima alerta a las autoridades incluso en los días de aparente calma.
Cuencas y vientos
Además de los deslizamientos, el Ideam reporta alertas hidrológicas en varias cuencas del territorio nacional: la región de la Orinoquia sobre el río Orinoco, sectores de la cuenca del río Cauca y el sur de la región Caribe. Los departamentos que «requieren mayor seguimiento», según Poveda, son aquellos donde la saturación del suelo ha sido más significativa: el norte de la región Andina, la cuenca del Magdalena y el sur de la región Caribe, especialmente Córdoba, sur de Bolívar y sur del Cesar.
El cuadro se completa con una alerta naranja por fuertes vientos en el mar Caribe colombiano, con velocidades que oscilan entre 10 y 22 nudos. Y en el extremo opuesto del espectro hídrico, 94 municipios registran alertas por incendios de cobertura vegetal, concentrados principalmente en La Guajira, Magdalena, Huila y Tolima.
La trastienda institucional
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Colombia enfrenta simultáneamente inundaciones, deslizamientos, crecientes de ríos e incendios forestales, una combinación que exige coordinación entre el Ideam, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres y los gobiernos departamentales y municipales. La pregunta que se hacen los alcaldes de los 51 municipios en alerta roja no es teórica: cuánta capacidad de respuesta real tienen sus administraciones locales cuando el riesgo llega al mismo tiempo por varios frentes.
Desde Hemisferio, el cuadro invita a una reflexión que trasciende el parte meteorológico. La gestión del riesgo climático es, en última instancia, un asunto de gobierno local eficaz y de infraestructura construida con criterio técnico, no de decretos de emergencia firmados a destiempo. Cada municipio en alerta roja es también un indicador del estado real del aparato estatal en el territorio: su capacidad de anticipar, comunicar y proteger a los ciudadanos antes de que el lodo llegue a las calles. Esa es la deuda que ningún boletín del Ideam puede saldar por sí solo.



