La escena lo dice todo. En centros educativos de todo el territorio costarricense, más de 22,000 estudiantes de todos los niveles presentaron este año proyectos de investigación ante jurados calificadores, defendieron hipótesis y explicaron a su comunidad cómo resolver problemas reales mediante el método científico. No es un simulacro: es la etapa institucional de las Ferias de Ciencia, Tecnología e Innovación, uno de los programas más ambiciosos del sistema educativo del país.
La iniciativa, organizada por una comisión interinstitucional que reúne al Ministerio de Educación Pública (MEP), al Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT) —que ejerce la coordinación general— y a las cinco universidades públicas del país (UCR, TEC, UNA, UNED y UTN), estructura la competencia en cuatro etapas consecutivas: institucional, circuital, regional y nacional. Los proyectos mejor calificados en la fase actual accederán a la etapa circuital, programada para agosto.
Cada trabajo es evaluado según criterios de rigor científico, creatividad, metodología, innovación e impacto. Los temas son tan diversos como las comunidades que los originan: salud, ambiente, robótica, inteligencia artificial, agricultura, sostenibilidad, ingeniería y ciencias sociales figuran entre las áreas más frecuentes. Lo común es el origen: necesidades detectadas por los propios estudiantes en su entorno inmediato.
Marjorie Valverde Rojas, asesora nacional de Ciencias del MEP, sintetizó el propósito del programa en términos que van más allá del aula. «Este espacio potencia el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la comunicación efectiva y el trabajo colaborativo, mientras el estudiantado busca respuestas y soluciones innovadoras a situaciones de su entorno mediante la investigación», señaló la funcionaria.
El MEP subraya que la iniciativa busca que el aprendizaje trascienda la teoría y permita a los participantes aplicar el conocimiento para analizar situaciones reales, formular hipótesis, recopilar información y proponer alternativas sustentadas en evidencia. En paralelo, el programa apunta a despertar el interés por las disciplinas STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— en edades tempranas, con la expectativa de que ese interés se traduzca en carreras consideradas estratégicas para el desarrollo del país.
Los detalles cuentan la historia. Cada proyecto es acompañado por docentes y tutores que orientan el proceso desde la formulación de la idea hasta la presentación final. Los estudiantes no solo exponen resultados: deben defenderlos ante un jurado y compartir lo aprendido con su comunidad educativa, ejercitando habilidades de argumentación y trabajo en equipo que el mercado laboral demanda con creciente urgencia.
Para entender el presente hay que volver a esa semana en que una estudiante de secundaria detectó un problema de calidad del agua en su comunidad, planteó una hipótesis, diseñó un experimento y lo presentó ante adultos que la evaluaron con los mismos criterios que se aplican en una universidad. Eso, multiplicado por 22,000, es lo que ocurre en Costa Rica cada año en esta etapa.
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La apuesta costarricense merece atención más allá de sus fronteras. En un continente donde la educación pública suele ser rehén del clientelismo sindical y del gasto sin rendición de cuentas, un programa que evalúa proyectos por mérito —rigor científico, creatividad, impacto— y que vincula directamente a las universidades con las aulas de primaria y secundaria representa un modelo difícil de ignorar. La participación de instituciones como el TEC y la UCR no es decorativa: acerca al estudiante a la cultura de la investigación antes de que decida si quiere seguir en ella.
El principio que subyace es sencillo y poderoso: la mejor inversión en capital humano no es la que distribuye títulos, sino la que cultiva la capacidad de formular preguntas y buscar respuestas con evidencia. Que 22,000 jóvenes costarricenses estén haciendo exactamente eso —sin ideología de por medio, solo con el método científico como árbitro— es, en sí mismo, una noticia que vale la pena contar.



